El Yo Testigo...

viernes, 19 de agosto de 2011

 


La maravilla del estado consciente

Tenemos un núcleo muy arraigado, que es algo constante y estable, pese a todos los cambios. Hay una continuidad en lo que fuimos y lo que ahora somos. Es un principio mental, intangible, de consciencia despierta, cuya existencia misma hace posible la de todos los momentos de consciencia, porque reacciona por atención o desatención a la experiencia sensorial.

La doctrina ocultista afirma que la consciencia despierta, es en sí misma un principio separado. Parte de este principio actúa sobre el cuerpo, especialmente en el corazón y cerebro. Tiene relación y
correspondencia con los centros cerebrales. La parte que así actúa, es la que se proyecta en una forma particular de espacio y tiempo y que a partir de ellos se “imagina” como ser absolutamente completo y autosuficiente. Esto es lo que conocemos por persona. Es la suma de todos nuestros pensamientos, sensaciones y sentimientos personales. Esta es la consciencia fraccionada y no la mente que la origina, la que tiene su sede en el cuerpo, en el cerebro principalmente. Este limitado campo de la consciencia se expande al espacio y varía según los individuos. Una persona sensible puede sentir esta emanación u aura, cargada de pensamientos y sentimientos de otra, que se encuentre cerca, si entremezclan sus auras.

La mente está en todas partes. El espacio es la forma que la mente asume. El espacio mismo es creado por la mente. Los pensamientos son aspectos de la consciencia. La consciencia es un aspecto de la mente.
La mente trasciende los límites de cualquier espacio particular; no tiene ataduras físicas y sólo ocurre que los pensamientos manifestados, nos parecen acontecimientos temporales.

Para la doctrina del mentalismo, todas las cosas son conocidas por la mente, sólo como percepciones mentales y sólo pueden existir, dentro de ese principio consciente, inmaterial, intangible de consciencia despierta que es la mente humana. La consciencia es la que sintetiza a través de la observación e interpretación la reacción conjunta de los órganos sensoriales y del cerebro. Las sensaciones mismas sólo son “objetos” de la atención consciente del hombre.

Durante un sueño determinado, está la personalidad activa y proyectada en el sueño, de la cual se tenía consciencia, y su espectador de quien esa personalidad misma no tenía en ese momento consciencia alguna.

En el sueño hay una naturaleza doble, esa misma doble naturaleza puede existir también durante la vigilia en que hay un espectador detrás del cual- a causa de nuestra temporal identificación con ese hombre despierto- no hay consciencia alguna de esta relación.

En el soñar y dormir no se agota la existencia de la mente. El dormir profundo, debajo de la personalidad, apunta a un estado mental más profundo, dentro del “yo” a pesar de su inconsciencia. El misterio de ser, revela su secreto únicamente cuando el hombre se vuelve consciente de lo que él es, en esta parte más profunda de su ser.

Si la personalidad individual tal como se la conoce en vigilia, no fue el origen del soñar y del dormir, entonces, “otra mente” debe haberlo hecho. Esta segunda mente, debe estar relacionada con aquélla de alguna manera. Esta es la mente más profunda que nosotros buscamos, y que no siendo lo que sueña, duerme o está despierto, observe la creación de éstos fenómenos en la persona.

El principio de consciencia despierta, es un principio universal. Como está detrás de la consciencia, no puede volverse para verse a sí misma. Se encuentra por encima de nuestra consciencia introspectiva. Normalmente no la percibimos, porque trasciende al yo “familiar” mismo. Podemos percibir su presencia cuando comprendemos que hay algo que nos permite tomar consciencia de los estados fluctuantes del “yo” superficial. Es algo inconmensurablemente superior y permanente dentro de nosotros. Es una consciencia unitaria e infalible. Es un principio mental, la esencia misma de la mente que permanece fuera de todo cambio en nosotros, que no está en espacio ni tiempo, es, por lo tanto, inmutable.

La mente puede dividirse en dos partes; aquella de la que continuamente tenemos consciencia, como persona observada y la parte que nos permite captar, que hay una persona, que es la mente observadora.

El “Yo Testigo” está presente en forma de asociación o inmanencia mística en el “yo personal” y refleja en ese yo la sensación de su propia existencia real. El yo total tiene una índole triple: el cuerpo físico, consciencia personal constituida por sensaciones , pensamientos, deseos, imágenes y tendencias kármicas y el Yo Observador, Impersonal. Este Yo es el sujeto del cual los otros son el objeto. El yo consciente es un pensamiento, el Yo Superior es puro Pensamiento.

Esta consciencia es idéntica al cuarto estado de conciencia, que trasciende el dormir profundo. Puede permanecer fuera del dormir, soñar y estar en vigilia. La persona sólo es una proyección del Yo Superior a
la que trasciende y a la que hace establecer una relación entre esa persona y todas las demás. Tiene que incluírselo en un Ser superior en el que todos son uno y uno son todos. Es un Yo universal, una individualidad superior.

La experiencia humana es el residuo final de un proceso de interacción, un tejido elaborado por una mente común en la que todos los seres humanos viven y piensan y que a su vez vive y piensa a través de ellos.

El mundo es el resultado de una imaginación cósmica e individual continuada. Hay una última instancia, sólo un simple observador, la Mente Universal y sólo una única imagen del mundo y nosotros como personas, estamos contenidos en una realidad mayor. La Verdad detrás del mundo, es su realidad esencial y permanente. La Verdad detrás del yo es nuestra propia divinidad perdurable.

El proceso de desencarnar

Este proceso es variable, depende de la “ignorancia ” de la persona que viva la experiencia. Si es ignorante, el pensamiento se adhiere al cuerpo y los sentimientos a los deseos. Aumenta el dolor físico debido al temor y al rechazo. Si la persona tiene más claridad mental como para saber que su cuerpo es la idea que
él tiene de éste y como para controlar sus deseos personales, este cambio se produce con una mayor preparación.

El ser que vive esta experiencia, siente una intensa presión en los pies que va invadiendo todo su cuerpo produciéndole entumecimiento, eso influye en la respiración, la circulación de la sangre y en los sentidos
de la vista y del oído. La sensación de estar identificado con el cuerpo desaparece y se concentra en el corazón. Se produce una comunicación telepática automática, si la persona que está viviendo este proceso, está lejos de la persona que ama, la cual sentirá desasosiego y el presentimiento de que algo malo ocurre. Si su imaginación es impresionable, verá al agonizante frente a ella. Al mismo tiempo el que agoniza ve a la persona viva, cuando ambos tienen la suficiente fuerza telepática emisora y receptora.

Posteriormente el agonizante tiene la sensación de un total desamparo, se siente arrastrado por fuerzas naturales lejos de lo familiar y querido. Desea expresar sus sentimientos, pero descubre que no puede hablar. Siente una inconmensurable soledad. La naturaleza, llena de deseos, ambiciosa de posesiones, ha caído sobre él como una fría ducha.

El ser más evolucionado, en este mismo trance, sentirá la presencia consoladora de su Maestro, o su Hermano Mayor, cuya imagen siempre aparece en este instante, para facilitarle el tránsito.

Los últimos pensamientos del que agoniza, contribuyen al complejo grupo de factores que determinan qué forma adquirirá en la próxima reencarnación. La desaparición de la consciencia, que culmina en el paroxismo de la muerte, determina que pueda percibir lo que hasta ese momento no había podido captar.

Después del último latido del corazón, el “muerto” entra en un estado de visión clarividente, que a él le pueden parecer días, pero que es mucho más corto debido a los diferentes nódulos de nuestro tiempo terrenal. Entonces, empieza a descubrir la capa más misteriosa y profunda de su mente que le ha permitido conservar un registro de todas las experiencias vividas desde la infancia a la vejez. Todo existe en forma
de cuadro. Revisa algunos episodios, muy particularmente los más intensos, de su vida pasada. Estos cuadros, impresionantemente brillantes, se presentan como externos a él. Desde el momento de la muerte el tiempo de acontecimientos y experiencias, corre hacia atrás con una velocidad desconocida e increíble. Esto sucede porque él sale del cuerpo, todavía apegado a la vida y con el deseo de volver a ella.

Hay un Yo vivo, que ha observado imperturbablemente la muerte de su ser corporal, es el mismo Yo que ha observado siempre a su yo superficial, “algo” que no ha sido reconocido como propio. Ese ser, es su propio Yo Superior. A través de sus ojos, el hombre que ha muerto, no sólo contemplará su vida, sino que se convertirá en su propio juez incorruptible. Súbitamente, el enfoque personal y egoísta lo abandona, se contempla a sí mismo no sólo como los otros lo ven, sino como es frente al poder impersonal del karma.

Todos sus actos terrenales son enfrentados cara a cara con las consecuencias que tuvieron para otras personas. En ese momento comprende que sus sufrimientos fueron provocados por su conducta, ignorada, egoísta o inadvertida. Siente que todo fue justo, pero a la vez, siente remordimientos. Contempla a los demás seres que tuvieron relación con él, como realmente son y no como pretendían ser ante sus ojos o como él creía que eran. Así, descubre que el mundo creado por él mismo era ficticio. Ahora contempla a este superficial yo, como el observador anteriormente oculto lo contemplaba, sin pasión, fatuidad o auto compasión.

Al descender en consciencia, empieza a sentir que toda su existencia ha tenido la textura de un sueño. Los hechos y personas pasados de su vida terrenal, le parecen remotos e irreales. Puede percibir sin lugar a dudas, la calidad ilusoria de la materialidad del mundo. Si puede comprenderlo y contemplar esta revelación, podrá ganar en beneficio espiritual, que se pondrá de manifiesto en la encarnación siguiente.

El hombre que pasa por esta experiencia, sin un conocimiento cabal de su enorme poder potencial, es decir, que aunque su existencia real le parezca “ahora” un sueño, no la contempla como si siempre ” fuera semejante a un sueño.

Después de estas revelaciones, el hombre se sume en un sueño sin imágenes oníricas, en un completo descanso de todo su ser, dentro de la inconsciencia simple. Ahora sí se ha completado la transición de la muerte. Ha concluido una época de la vida individual.

Ramana Maharshi, expresa a sus devotos en sus Pláticas: “si un hombre considera que nació, no puede evitar el temor a la muerte. Uno experimenta un sueño y al despertar sabe que es irreal. La experiencia de la vigilia es irreal en los otros estados. Cada estado contradice a los otros. Por lo tanto son meros cambios que tienen lugar en quien los ve, o son meros fenómenos que aparecen en el Yo, el cual es ininterrumpido y permanece no afectado por ellos. Son fenómenos igual que el nacimiento, el crecimiento y la muerte. El nacimiento y la muerte son solamente ideas. Pertenecen al cuerpo o a la mente. El Yo existe antes del nacimiento de este cuerpo y permanecerá después de la muerte de este cuerpo. Así ocurre con la serie de cuerpos considerados en sucesión. El temor a la muerte es del cuerpo. Ese temor se debe a la ignorancia. Realización significa Verdadero Conocimiento de la Perfección y de la Inmortalidad del Yo. La mortalidad es sólo una idea, y es causa de aflicción. Ud. se libera de ella realizando la naturaleza Inmortal del Yo. La armonía consiste en la realización de su no separatividad del Yo. Este Yo único que ha permanecido en tantas fases”.

“Existe un Poder Superior que puede guiar. Es la Gracia y está dentro de cada uno. El Yo está siempre allí, en la actividad y en la paz”.

“Las ideas sobre conocimiento y no conocimiento son sólo relativas y falsas. Al no ser reales, no son perdurables. El estado verdadero es el Yo. Sin dualidad. Es eterno y persiste ya sea que uno esté consciente o no. El Yo está más allá de quien conoce y del conocimiento. El yo es la fuente del sujeto y
del objeto, como ahora prevalece la mente al sujeto se lo considera la fuente. La Realidad está más allá de sujeto y objeto. Cuando a la Realidad se la realiza se sueltan los nudos del corazón y se apaciguan las dudas. La búsqueda hacia dentro, es el sendero que el intelecto del hombre ha de conquistar. El intelecto mismo, mediante práctica continua, comprende que algún Poder Superior le permite funcionar. El mismo, no puede llegar a ese Poder, por eso después de cierta etapa, deja de funcionar y cuando lo hace todo lo que queda es el Poder Supremo. Eso es la Realización, esa es la finalidad, esa es la meta.”

El Yo Superior

El Yo Superior no siempre desempeña el papel de un testigo. Su presencia hace posible los movimientos
y actividades del hombre. No es sólo el oculto observador, sino además, en virtud de ser una función de la Mente Universal, la regla interior de la persona. Así se establece el karma de la siguiente encarnación,
antes del nacimiento, puesto que contiene todas las posibilidades kármicas del pasado, y constituye por esto el agente actualizador que traslada esas posibilidades, al tiempo y al espacio para que se produzca su evolución. En momentos críticos de la vida personal, pueden producirse acontecimientos inesperados que inducen a tomar una decisión con urgencia. Como resultado el hombre es guiado super racionalmente
o milagrosamente protegido.

El Yo Superior representa la consciencia más elevada de todo ser humano. El grado de evolución de la consciencia cognoscente del hombre, revela el grado en que puede oír esa voz. Si la resistencia del hombre es tenaz debido a sus preocupaciones de diversa índole y no se relaja por un solo momento durante la vigilia, el Yo Superior puede entregar su mensaje o advertencia durante el sueño. En tal caso la persona recibirá la comunicación en su mente consciente, después de un sueño sin sueños, en el filo del despertar o a través de un sueño que puede ser o no simbólico. Es muy importante reparar en las ideas que surgen durante cualquier momento de exaltación mental, procurando no perder su profundo significado.

Como la Gracia llega en forma inesperada, debemos prepararnos para recoger sus frutos, esto debe realizarse, sin hacer planes, ni luchas para obtenerla. La intervención del Yo Superior en la vida personal, produce una exaltación muy intensa, que sacudirá del letargo en que vive sumida la persona, los pensamientos, sentimientos, deseos y voluntad se ven afectados. Pero, a veces, ese ser privilegiado, vuelve a su antiguo punto de vista mediante la racionalización, producto de la incomprensión que no le deja ver por más tiempo la verdad con su certidumbre. Debemos tratar de saber reconocer estas excepcionales experiencias y oportunidades y valorarlas en su real dimensión.

El hombre espiritual debe, con absoluta seguridad, aceptar o negar su fe que el Yo Superior realmente existe, y que su realización es el fin de su encarnación. Ningún llamado persistente y sincero cae en el vacío, siempre es escuchado, debe surgir no sólo de los pensamientos, sino además de los actos. El Yo Superior no puede separarse del karma cósmico, pero está sujeto a la acción de la causalidad personal, aunque no está sometido a la personalidad, el cambio, la relatividad. El hecho de que la causalidad personal, no siga en el plano más profundo de la existencia, posibilita en la vida humana, la aparición de la Gracia.

Las fuerzas kármicas impersonales, que gobiernan el universo siguen siendo poderosas, sólo que debemos completar el círculo comprendiendo que la verdad acerca de la vida humana, tiene lugar suficiente como para incluir las ataduras del karma y la libertad de aquello que da origen al karma. Nuestros fines espirituales o físicos, los logramos no sólo por mérito propio, sino también por la Gracia.

La plegaria puede ser efectiva, si previamente hay arrepentimiento y reparación, pueden ser factores que afecten al karma y hacerlo más favorable. El Dios a quien el hombre ruega habita en su propio corazón. La mejor manera de luchar contra el principio del karma, cuando está ejerciendo una presión dolorosa, no es rogar, sino cambiar los propios pensamientos. Cuanto más pueda el hombre cambiar la tendencia general
de sus ideas, mejor se vuelve el exterior.

Existimos más allá de la muerte, ya sea en la etapa onírica que caracteriza el primer momento de la muerte, ya sea en la forma de un dormir profundo que finaliza el proceso de morir o bien en una nueva reencarnación, que completa el ciclo total de la personalidad. Estas etapas no son lo mismo que la verdadera eternidad, la cual sólo puede obtenerse superando la personalidad transitoria. Metafísicamente es imposible concebir a la eternidad como una continuación perpetua del yo personal. Todo lo que tiene un principio tiene un fin, es una ley inexorable de la Naturaleza.

Para la metafísica la inmortalidad es un modo de consciencia, lo cual es cualitativo. Su valor radica en nosotros, no en el tiempo. No existe posibilidad de liberación del sufrimiento, en ninguna parte del universo, mientras no se produzca la liberación del ego. La vida interior es el propósito final de la existencia. En algún momento, el hombre tiene una percepción inconsciente del hecho de que la existencia humana “ciertamente” posee algo de sí misma que resulta incólume a los acontecimientos del tiempo y que, por lo tanto, es auténticamente eterno, algo que permanece aparte de todas las vicisitudes que acompañan a la carne y al yo. La esencia mental es el verdadero cimiento sobre el cual se ha construido la estructura total de este “Yo”, que jamás ha nacido y en consecuencia jamás muere.

Este enfoque de la inmortalidad, como algo perteneciente a la individualidad superior del yo más elevado, más bien que a la personalidad inferior, reemplazaría al concepto anterior, destinado en última instancia a sufrir la angustia del deseo frustrado, en tanto, el enfoque verdadero sumerge al hombre en una paz que va en aumento a medida que mejor comprende esta verdad.

Esta verdadera inmortalidad puede alcanzarse sólo a través del Yo Superior, porque éste no deriva su vida de otro principio. Tiene vida propia. Es inmortal porque es parte de la Mente Universal, por lo tanto está liberado de algún cambio. La Mente no es ubicable en la consciencia personal, pero hay un instante en la percepción espacio-temporal, un punto en que la consciencia personal se reúne con Ella. Para la mayor parte de las experiencias místicas, dicho punto es percibido “primeramente” dentro del corazón, (Chakra Anahata).

La Mente Universal no puede confinarse dentro de una percepción tan limitada. La experiencia mística, con posterioridad, supera este centro, para terminar separando la consciencia de cualquier implicancia espacio-temporal. Este místico punto de encuentro, el Yo Superior, representa la máxima posibilidad de que el yo finito, pueda conscientemente compartir la existencia última. La diferencia entre la Mente Universal y el Yo Superior es sólo de alcance y de grado, no de índole, porque están formados de la misma
sustancia.

Nosotros podemos ascender hacia la máxima altura de este Yo, no más allá. Nuestra vida personal es una fase de la vida del Yo Superior, y la existencia de éste es una fase de la Mente Universal. Esta cadena de relaciones favorece que el yo inferior tenga un eterno parentesco con el Cosmos. El hombre puede tener consciencia de ese parentesco, pero no puede trascender la relación misma. Todo Yo Superior existe en la Mente, de la misma manera que los pensamientos existen en una misma y única mente humana. Cada Yo Superior es “en sí mismo” igual a otro. La diferencia es de relación y no de índole, porque cada uno guarda una relación particular con los ciclos de personalidades reencarnadas.

La experiencia que un hombre tiene cuando alcanza la consciencia del Yo Superior, es absolutamente idéntica a la de todos los hombres que lleguen a la misma experiencia. El Yo Superior es la capa más profunda de la mente, con la cual el hombre puede adquirir consciencia de Dios. Es la inmanencia sin tiempo y espacio del ser universal en un centro particular. Los seres humanos poseen rasgos propios de personalidad que los diferencian entre sí, son diferencias transitorias que los dividen, mientras no vivan en el Yo Superior. La memoria de las características esenciales de todas las reencarnaciones anteriormente relacionadas, se registra y conserva dentro del Yo Superior.

El cuerpo proporciona el “campo” de la experiencia; el pensamiento y el sentimiento dan los “medios” de la experiencia, mientras que el Ser Superior es el supremo ser experimental del hombre, el “Verbo hecho carne”. La consciencia original del Yo Superior es única e indiferenciada. El ego puede adquirir la experiencia de su identidad, perdiendo la consciencia del principio único y universal que subyace su propia existencia. El Yo Superior infinito debe descender de su propia unidad trascendente en forma de seres separados, reduciéndose para establecer relaciones con dichos seres. Cuando el Yo Superior se limita y diferencia para adquirir auto consciencia, la parte de sí mismo así limitada y vuelta finita, olvida su índole infinita. Esta es la razón por la que casi todas las criaturas de este mundo espacio-temporal, han olvidado su origen divino, sin saber que en ningún momento han estado separados de él.

Ramana Maharshi explica lo siguiente; “yo soy esto, yo soy eso, es el ego. El ego es transitorio. Cuando al Yo se lo considera solamente como el “Yo” es el Yo. Cuando escapa por la tangente y dice “esto” entonces es ego. El Yo es Dios. Yo Soy, es Dios. A Dios no se lo puede engañar con genuflexiones, ni posternaciones. El ve si la individualidad está allí o no”.

“El ego desaparece en quienquiera que investigue el origen del pensamiento del “Yo”. La esencia de nuestra mente, es solamente percepción consciente o consciencia. Sin embargo, cuando el ego la domina, funciona como la facultad racional, pensante y perceptiva. La Mente Cósmica, al no ser limitada por el ego, no tiene nada separado de sí misma, por lo tanto es solamente consciente. Eso es lo que en la Biblia significa. “Yo soy el que Soy.”

Él Yo puro es la Realidad: La Existencia, Consciencia y Bienaventuranza, Sat-Chit-Ananda. Cuando se olvida Eso, se dejan ver todas las aflicciones y cuando a Eso se lo mantiene firme, las aflicciones no afectan a la persona. El Yo, está más allá después de desechar todo lo que es no-yo. Para conocerlo hay que trascender el plano de la relatividad. Un ser separado (el yo) parece conocer algo aparte de sí mismo, (el no yo), o sea, el sujeto es consciente del objeto. Debe existir una unidad subyacente en estos dos estados la cual surge como “ego”. Este ego es la naturaleza de Chit ; Achit (el objeto insensible) es sólo la negación de Chit. Por lo tanto, la esencia subyacente es afín al sujeto, no al objeto. Buscando al que ve, desaparece lo que ve, el que se sutilizará cada vez más, hasta que sólo sobreviva el que ve absoluto. Este proceso se llama “la desaparición del mundo objetivo”

La eliminación de lo visto, significa la eliminación de las entidades separadas del sujeto y del objeto. Lo visto, incluso el ego, es el objeto. Lo Real sobrevive eliminando lo irreal”


“Dios ha creado el dolor y la pena
para que por contraste
se pueda conocer la alegría,
Las cosas ocultas se hacen manifiestas
mediante sus opuestos,
como Dios no tiene opuestos
El permanece oculto.”
Rumi

Porqué sufre el ego?

El bien y el mal son concepciones relativas. Desde el punto de vista de la Mente Universal nada es inútil
o innecesario. La permanencia del ego en el mundo, extraerá en el curso de una gradual evolución, todas las posibilidades latentes en la vida. Cuando el ego alcance su auto comprensión y sienta su pristísima unidad con los demás, la lucha finaliza. La evolución cósmica purificará y ennoblecerá a toda la humanidad, a través de la enseñanza kármica y los continuos nacimientos, aunque para que esto ocurra tengan que pasar millones de años.

El ego comete errores respecto de sí mismo y de los demás, porque su auto conocimiento es limitado y su comprensión del mundo es incompleta. Debido a esas características, aplica erróneamente sus energías, orienta mal sus sentimientos y pervierte su voluntad debido a la ignorancia. Cuando el hombre se separa
de su Yo Superior nace el mal, es por eso que una cura a su sufrimiento es una reintegración a esa Fuente eterna.

El hombre busca olvidarse de sí mismo a través de sus distracciones, tiene necesidad de llenar su vacío interior. Durante sus sucesivas reencarnaciones manifiesta a través de sus actos y pensamientos, lo alienado que está de la armonía con sus verdaderas metas vitales. Busca la fama, el amor o la riqueza, cuando lo que realmente necesita es la Realidad de una riqueza que jamás puede perderse y de un amor transformado en algo más especial y noble: compasión Para llegar a esta culminación, antes tendrá consciencia de la transitoriedad de la existencia externa con todas sus espinas, así sufre una crisis, lo
cual significa que un alma más ha comenzado a buscar al Yo Superior.

Las dos fuerzas en lucha en el universo son las llamadas Fuerzas del Mal, que estimulan una actitud egoísta y personal y las Fuerzas del Bien, que predisponen a una actitud impersonal y altruista. En la evolución espiritual el ego marcha hacia dentro y finalmente provoca la búsqueda de la unidad, cuando regresa con plena consciencia del Yo Superior. Toda separación, todo mal, lucha, egoísmo e ignorancia, surgen durante el movimiento objetivador externo de la mente. Toda unidad, bien, armonía, sabiduría, surgen durante el movimiento hacia dentro y de retorno. El conflicto entre la separación y unidad es continuo y en determinados períodos críticos de transición del karma evolutivo se puede volver un conflicto abierto de muy grave importancia histórica.

La Mente Universal ha puesto sus límites. El mal es efímero, sólo tiene una vida negativa. Representa la ceguera de lo que “ES”, la no realización de la armonía, la no comprensión de la verdad, una inadecuada captación de la vida, un alejamiento del verdadero ser. Cuando se consigue la visión interior esto se desvanece.

La existencia cósmica, se renueva en sucesivas reencarnaciones, es eterna e infinita en sí misma, pero
los ciclos recurrentes son necesariamente finitos y temporales. Jamás ha habido un punto de partida para todos los seres, porque siempre existió la proyección de la Mente en un universo en serie, que se repite a
sí mismo sin comienzo ni fin. El ascenso y progreso es un hecho real solamente porque la evolución tiene una estructura en espiral, lo que quiere decir es que siempre hubo simultáneamente, cultura, civilización, aspiración ética, desarrollo intelectual, etc., junto a condiciones primitivas.

El mal forma parte de la experiencia que el ego tiene del mundo, no porque sea inherente al mundo mismo, sino porque está en las ilusiones que los contrastes y limitaciones del mundo producen en el ego. El mal está en la persona no en su contorno.

No vemos el tiempo de los procesos naturales de evolución del ego, porque no puede cumplirse plenamente, mientras todavía permanecemos en este mundo inferior, debido a que nuestras percepciones espacio-temporales al ser finitas y pobres, impiden tener un mundo absolutamente perfecto. Todo lo finito es necesariamente imperfecto. Sólo cuando el hombre ha resuelto el misterio del tiempo, que pertenece a su vida terrenal, se le permitirá resolver el misterio de la Duración infinita, que esencialmente pertenece a su vida no terrenal.

La historia del hombre es el intento de realizar en el tiempo y en el espacio, lo que ya existe como unidad armoniosa en la consciencia de la Mente Universal. El universo es para Ella un proceso activo que actúa simultáneamente en el tiempo: un acto eterno. Es por eso que todas las cosas y seres incluidos en el universo, inconsciente o conscientemente, se esfuerzan por alcanzar su realidad interior, que los llevará más allá de esta esfera terrenal con sus limitadas percepciones. “Retorno al hogar”, llaman los chinos al afán de la vida humana de alcanzar su infinita Fuente y realizarse en ella. El hombre puede llegar a esa Fuente “dentro” de sí mismo.

Ramana Maharshi, en sus Platicas, explica: “el asiento de la Realización está en el interior y el buscador
no lo podrá encontrar como un objeto que está fuera de él. Ese asiento es la Dicha y el núcleo de todos los seres. La única finalidad útil del nacimiento actual, es volverse hacia el interior y realizar eso. El resultado de la concentración es el silencio. La meditación sin actividad mental es el silencio, la subyugación de la mente es meditación. La meditación profunda es palabra eterna”.

La eliminación de la ignorancia, es el objetivo de la práctica, no la adquisición de Realización. La Realización está presente siempre aquí y ahora y eternamente. La Gracia está siempre, no hay que adquirirla, la Gracia es el Yo. “Estad quietos y conoced que Yo soy Dios ” Aquí la quietud es entrega total, sin vestigio de individualidad. Prevalecerá la quietud y no habrá agitación mental. La agitación mental es la causa del deseo, del sentido de la ejecución del acto y de la personalidad. Allí conocer significa Ser. No es el conocimiento relativo, abarca a las tríadas, al conocimiento al sujeto y al objeto.

La naturaleza de la Realidad significa:

1.- La existencia sin principio ni final: eterna.

2.- La existencia por doquier, sin término: infinita.

3.- La existencia que subyace en todas las formas, todos los cambios, todas las fuerzas, toda la materia
y todo espíritu. La multiplicidad cambia y desaparece (está constituida por los fenómenos) mientras la Unidad perdura siempre. ( es el nóumeno).

4.- La Unidad desplaza a las tríadas. Las tríadas son sólo apariencias en el tiempo y el espacio, mientras
que la realidad yace más allá de aquéllos y detrás de aquéllos. Aquéllos se parecen a un espejismo que está detrás de la Realidad. Son el resultado de la engañosa ilusión.

“El Yo expulsa la ilusión del yo, pero permanece como Yo. Esa es la paradoja de la Realización del Yo, que
es Dicha porque es la Realización del Yo como el ojo espiritual ilimitado, no es clarividencia, es el supremo renunciamiento personal.”

Paul Brunton

Extractado por Elisa Aliaga de:
Brunton, Paul.- La Sabiduría del Yo Superior.- Kier
Brunton, Paul.- La Búsqueda del Yo Superior.- Kier
Ramanananda Saraswati.-Pláticas con Sri Ramana Maharshi.- Kier

Vida...

 


La esencia que revelas es la vida que transitas ...y si temes expresarte, estas negando tu existencia... No te quedes encerrado viviendo en el pasado, anhelando un futuro y perdiendote el presente... Expresate hoy tal como tù eres y tu vida serà exactamente todo lo que quieres: Paz, amor, felicidad y riqueza... Porque tù y la vida son la misma cosa...

Armonìa...

 


Si las cosas no fluyen en armonia como una sola melodia, no se pertecen... Alèjate de lo que te hace mal, rehace tu vida y sè feliz...

Amor...

 


“Al minuto de escuchar mi primera historia de amor, te comencé a buscar sin saber cuán ciego fui... Los amantes no se encuentran finalmente en algún lugar; están dentro el uno del otro todo el tiempo...” Rumi.

El principio imposible de vida/muerte...

domingo, 17 de julio de 2011

 





Pues he aquí que el reino de los cielos está en medio de vosotros.
Lucas 17,21

La idea principal de la nueva Alquimia, el cordel que liga todas las ideas que presentamos aquí, se encuentra en el concepto de la unidad: la gran inseparabilidad de las cosas. Tomado literalmente, esto significa, como veremos, que los conceptos mismos de un cielo aparte de la Tierra, de una mente aparte del cuerpo, de un libre albedrío aparte del determinismo, de una vida aparte de la muerte, y de hecho toda dualidad, toda pareja de opuestos en la que proponemos un adentro y un afuera, una frontera, una nación, una isla, una membrana, una distinción; todo eso y más, no son datos primarios.

Sin embargo, nos esforzamos inconscientemente por guardar enterrado este secreto dentro de nosotros. Trabajamos sin darnos cuenta por mantener el statu quo. Dicho de otro modo, optamos inconscientemente por vivir sujetos a la ilusión de que todo es tal como lo vemos. Ésta no sólo es una verdad fundamental para ti y para mí, sino que es el secreto profundo de la existencia del universo: esconderse del propio yo esencial. Es el gran truco de Dios, y si funciona es sólo porque nosotros accedemos a creernos el truco. Si somos capaces de dejar de creerlo durante un minuto, durante un segundo, aunque sea durante un milisegundo, y de permitir que nuestra consciencia advierta que nos hemos detenido, nos daremos cuenta del truco.

En algún momento de nuestras vidas, de alguna manera, en alguna parte, por un solo instante, se devela el gran misterio. Dios, el mago, levanta el telón, nos enseña ligeramente el truco y nosotros captamos un atisbo de ilusión. Pero no gritamos: Caramba!. El local no se llena de exclamaciones de asombro. Algo se vuelve distinguible de la nada en un solo acto creativo, pero nos engañamos a nosotros mismos para no ver. Y así sigue la cosa. El aire no se llena de aplausos. Nos quedamos sentados contemplando el espectáculo, liberamos un suspiro de alivio y nos decimos inconscientemente: Esto no lo entenderemos nunca, más nos vale aceptarlo sin más.

En realidad, todas las distinciones surgen de tales actos. Y la mayoría de nosotros solemos mantenernos inconscientes y aferrarnos a la ilusión hasta el último nanosegundo de nuestra existencia. Contemplamos la frontera que separa el mar y la tierra, que separa el aire, la tierra y el agua. Contemplamos la corteza efervescente de arena, agua y aire, y recordamos las distinciones. Y del mismo modo, vivimos nuestra vidas con la idea tranquilizadora de que existe una membrana invisible que nos separa a nosotros de ese mundo que está allí fuera; de que aquí dentro, en nuestras mentes, en nuestros mundos interiores de la imaginación, estamos solos y a salvo. Ninguna persona o cosa puede entrometerse de ninguna manera en nuestros mundos mentales individuales. Todos los sentidos de nuestros cuerpos nos dicen constantemente que esto es la verdad, que cada uno de nosotros está solo. No tenemos en cuenta ninguna información, ningún pensamiento, ninguna percepción, ningún relato de imaginación, ningún relato de otra persona que se oponga a nuestra presentación sensorial de los mundos separados del allí fuera y del aquí dentro. Miramos con escepticismo a las personas que nos dicen otra cosa, y lo más probable es que las tachemos de necios errados o incluso de locos.

Actualmente, muchos de nosotros, atrapados en este dilema entre la ilusión y la realidad, quisiéramos creer que la separación es una ilusión. En tal caso, tenemos suerte!.

Lo que sabían los alquimistas...

Las distinciones no son reales. Son los susurros pasajeros de una realidad potencial que todo lo alcanza, sutil y no expresiva. El mundo no está hecho de tareas separadas. La mente no está separada de la materia. Y tú no estás separado de ningún otro ser, animal, vegetal, vivo, muerto, o que sea aparentemente materia inanimada. El reino de los cielos y la isla del infierno se encuentran dentro de ti. Todo lo que has querido saber siempre se encuentra dentro de ti. Se encuentra dentro de ti una vasta potencialidad que se incita a sí mismo a levantarse y a convertirse en algo. Dentro de ti, como una serpiente enroscada que espera levantarse de tus sombras más profundas, se encuentra todo momento creativo que existe, que ha existido y que existirá.

Pero la marea acaba por bajar, como la del mar que baña las costas. El agua vuelve al mar. La orilla se hace valer. Todas las distinciones desaparecen tarde o temprano. Ninguna frontera perdura para siempre. Nada perdura. Todo vuelve al gran mar de la unidad. La vida, la muerte y todas las pautas se mueven de manera vibrátil. Puedes concebir esto como el principio imposible de vida/muerte.

Hasta el espacio y el tiempo (la palestra donde pasamos nuestras vidas) no sólo son reales, sino que son proyecciones que vienen de algo mucho más profundo y misterioso. Hasta esta misma palestra desaparecerá. Este pensamiento imposible, sin extensión espacial, no pensante, que no dura ni un segundo ni una eternidad, ni siquiera la menor pizca de tiempo ni el más largo de los eones, esta profundidad, esta luz/oscuridad que está más allá de lo que puede representarse como vacío, este principio paradójico de vida/muerte, este anhelo profundo, aparece como una nube, como un recuerdo, como una leve perturbación, y se desarrolla como tal. Pero a nosotros nos da la impresión de que cobra existencia sin más, sin el menor pensamiento ni aviso.

El gran oleaje, siempre ondulante, se hace valer una vez más. El mar baña la orilla. Es una ilusión producida por la necesidad misma de que el acto que da la existencia al universo requiere de esta ilusión.

Pero la requiere? Y si la noción misma de encontrar la verdad fuera puramente imaginaria?

Los antiguos alquimistas que percibieron el vacío.

La inseparabilidad es escurridiza; en la mayoría de los casos resulta imperceptible para nuestros sentidos, y es difícil de describir. No obstante, en todo el mundo antiguo hubo muchos alquimistas independientes entre sí que percibieron la presencia de este principio imposible, no dividido de vida/muerte que existen simultáneamente.

De manera no muy distinta de algunos científicos de nuestros días, de pensamiento profundo, que buscan en sus descubrimientos de nuevos principios de inseparabilidad el significado oculto de la vida y respuestas a los misterios del universo, los alquimistas buscaban maneras de salvar el aparente abismo que implica toda distinción. Buscaban el mal que estaba detrás de todo bien. Cuando quedaban convencidos de su visión, llegaban a creer que toda separación, descubierta o percibida, era ilusoria. Y por ello buscaron un camino que los condujera al reino de la inseparabilidad. Querían tener en las manos la paradoja de la existencia. Querían ver las dos caras de la moneda a la vez. Todo su trabajo, todos sus esfuerzos experimentales, tenían un único objetivo: destrozar la membrana de la separabilidad. Para conseguirlo no sólo debían trabajar en su arte alquímico, sino que debían trabajar también sobre sí mismos, replanteándose constantemente los límites de lo aceptable dentro de los que se sentían cómodos.

Disolver la antigua membrana.

Por tanto, la antigua alquimia tenía tanto que ver con el dominio de uno mismo como con el dominio de las leyes físicas de la naturaleza. Este dominio exigía paciencia, observación y, sobre todo, devoción. Un antiguo alquimista, Juan de Rupescisia, escribió en el siglo XIV que la alquimia es el secreto del dominio de fijar el Sol en nuestro propio cielo, para que brille allí y arroje luz, y el principio de la luz, sobre nuestros cuerpos.

Disolver la membrana. Los antiguos alquimistas buscaron disolver la barrera entre la realidad que ellos veían que era una ilusión, y lo imaginario que pensaban que era real.

Para descubrir este secreto, los alquimistas tenían que aprender a dominar el arte de disolver todas las barreras de la separabilidad. Entre estas barreras se contaban, sobre todo, todas las ideas o conceptos que apuntaran a una distinción sensorial entre el allí fuera y el aquí adentro. Por tanto, la membrana más notable que tenían que disolver era la que separaba la mente de la materia. Aspiraban a aclararse a sí mismos la invalidez de la distinción entre el mundo real y el mundo imaginal. Para ello, tenían que descubrir el modo de pasar de manera consciente y voluntaria de uno de los reinos al otro. Esta tarea no era sencilla a causa de la ley de la inercia.

La ley secreta de la resistencia: la inercia...

Para los alquimistas, la inercia no sólo llenaba aparentemente el mundo exterior, tendiendo a mantener las cosas en sus lugares respectivos y separados, sino que también llenaba el mundo interior del pensamiento y de la percepción, tendiendo a hacerles aceptar como hecho objetivo aquello que podía repetirse una y otra vez. El mismo Isaac Newton, que también era alquimista, descubrió el principio universal de la inercia, que lo llevó a formular las leyes mecánicas objetivas del movimiento.

Para conseguir la ruptura que supone superar la inercia mental se precisa una manera nueva de pensar. Con una forma nueva de pensar aparecen maneras nuevas de evaluar lo que pensamos. Y con estos nuevos instrumentos de evaluación surgen nuevas formas de sentir. Cuando hablo de sentir no me refiero a lo que se percibe por el sentido del tacto. Uso el término con el significado que le daba Carl Jung. Sentir significa pasar por un devenir asegurado y duradero, ser conscientes de una vivencia aquí dentro a lo largo del tiempo, pero sin ser conscientes del tiempo que dura este sentir; ser conscientes, a lo largo de un período de tiempo, de un tipo o cualidad concreta de un estado físico, mental o emocional. La cualidad duradera de un sentimiento tiene una importancia extrema en lo que sigue.

Cuando te ha surgido una nueva manera de sentir acerca de tus pensamientos, empiezas a percibir el mundo allí fuera con ojos nuevos: de manera creativa, informativa, nueva; como un niño. Con el surgimiento de nuevas sensaciones iluminadas, empiezas a tener intuiciones más profundas. Estas intuiciones surgen en forma de ideas, nociones, predicciones del futuro o reevaluaciones del pasado. Aparecen en forma de visiones. Y cada pensamiento nuevo instituye un ciclo. El ciclo recorre unas fases, como las del Sol y la Luna, del pensar al sentir, del sentir al percibir, del percibir al intuir, y ahí vuelve a comenzar el ciclo. La repetición del ciclo forma una energía vibratoria que se repite físicamente en el cuerpo. Si no hay nada que lo interrumpa, constituye un recuerdo al que se puede acceder, como quien acude a un barril de cerveza a llenar su jarra.

De esta manera cíclica se forman todos los recuerdos, se estabilizan todas las impresiones en forma de hechos, se forman todas las opiniones sobre el mundo y todas las opiniones sobre ti mismo en ese mundo. Cuando se interrumpe el ciclo, cuando se disuelve su hábito adictivo, comienza un nuevo ciclo. Como se verá, el ciclo completo tiene todo lo necesario para pasar a formar parte de la realidad: tiene inercia, tiene resistencia y si se alimenta de ciclos energéticos que están en fase con él, se desarrolla y vive. Si se desarrolla y vive sin trabas, se convierte en un arquetipo y posee al usuario con tanta seguridad como un demonio poseería a un filósofo medieval empeñado en penetrar en los secretos de Dios, cueste lo que cueste.

Un secreto así se revelaba continuamente a los antiguos alquimistas y los poseía. Se les aparecía en sueños o les surgía en sus pensamientos cuando ellos revolvían la materia en sus laboratorios. Recibían un atisbo de que lo que pasaba aquí, en la Tierra (en el mundo inferior), estaba vinculado con lo que pasaba en los cielos (el mundo superior), y de que lo que tenía lugar en el mundo interior de la psique transforma el mundo exterior de las estrellas, las personas, los lugares y las cosas. Habían visto cómo podía transformarse la información en materia. Y habían visto lo inverso. Habían discernido el principio de la vida y la muerte. Se habían aventurado en el vacío y habían traspasado la membrana de la inercia.

El misticismo antiguo y la ciencia moderna...

Podríamos considerar que estos antiguos místicos estaban errados. Quizás lo estuvieran, en el sentido de que no conocían la ciencia moderna. Pero en lo que respecta al principio esencial vida/muerte, daban en el clavo, hablando desde el punto de vista científico. Un mundo imaginal abstracto interior tenía que ejercer un efecto de causación sobre el mundo material exterior, y viceversa. Lo que es abajo es como lo que es arriba. Lo que es afuera es como lo que es adentro. Los estados soberanos de lo imaginal y de lo real están conectados entre sí estrechamente.

Este hecho de la naturaleza, que se sospechaba desde hacía mucho tiempo pero que se dudó y se enterró, vuelve a salir a la superficie en esta era basada en la ciencia a la que llamamos era de la información. Nos conduce a una visión nueva de la realidad; a una visión en que la realidad imaginal, subjetiva o virtual de la ciencia y la realidad física, exterior u objetiva de la materia están vinculadas entre sí inseparablemente. Como veremos en seguida, este vínculo trasciende el tiempo y el espacio.

Dado que este vínculo es exterior al reino espacio-temporal, muchas personas inteligentes creen que la respuesta al acertijo de la relación entre el mundo exterior de la sustancia y el mundo interior del conocimiento no se encuentra en el mundo de la ciencia, sino que debe buscarse únicamente en el mundo metafísico de la espiritualidad. No obstante, y tal como veremos aquí, estos dos mundos están unidos entre sí, fuera del espacio y del tiempo, para constituir una visión del mundo única, constituyendo una unión tan íntima como la del propio espacio y el tiempo en la teoría de la relatividad de Einstein-Minkowski. Están vinculados tan estrechamente como la mente y la materia, como lo real y lo imaginal. La mente no está en el cerebro; el cerebro no está en la mente. Podemos concebirlos, en cierto sentido, como dos países fronterizos, o como regiones o hemisferios del mundo. Desde perspectivas separadas, cada uno puede considerarse como si estuviera contenido por el otro. Desde el exterior, aparecen como una unidad.

Aun actualmente nos resulta difícil creer que el mundo imaginal ejerce un efecto de causación sobre el mundo real. Por otra parte, nos cuesta poco trabajo creer que el mundo material influye sobre el mental. Al fin y al cabo, sabemos que las drogas y los medicamentos que alteran la mente pueden hacer cambiar los estados de ánimo, hacer que el dolor se disipe aparentemente e incluso aliviar las enfermedades. La medicación puede transformar el cerebro de una persona que padece esquizofrenia de manera que produzca una mente de funcionamiento aparentemente normal.

La locura de los alquimistas...

Hoy día no está muy clara la frontera que separa al loco del ingenioso. También los antiguos alquimistas tenían que cargar con la etiqueta de locos. Todo lo que tocaban los alquimistas quedaba rodeado de una aureola de locura. De hecho, para muchos que presenciaban sus actos, ser alquimistas era estar loco. Esto se debía a que para conseguir sus aparentes milagros los alquimistas debían viajar a lugares de la mente a los que pocos se atrevían a llegar. Y según la leyenda, al llegar allí tenían que hacer frente a un embaucador, a un engañador, que estaba en la frontera que separa la realidad de la imaginación, iluminada por la Luna.

Pero cómo conseguían realizar los antiguos alquimistas su aparente magia? Cómo cruzaban la frontera, sorteando al embaucador que estaba siempre presente en el límite? No cabe duda de que, metafóricamente, debían dejarse guiar por la luz de la Luna. Y tenían que esperar ver al embaucador, que los dejaría pasar cuando ellos lo hubieran reconocido como a una imagen de sí mismos.

Su visión del mundo iluminada por la Luna, toda su manera de ver el mundo, suponía que:

Cielo arriba
Cielo abajo
Estrellas arriba
Estrellas abajo
Todo lo que es arriba
También es abajo
Capta esto
Y regocíjate.

Los alquimistas veían los mundos superior e inferior como analogías de los mundos interior (personal) y exterior (externo), de lo que hoy llamamos lo subjetivo y lo objetivo. En nuestra nueva alquimia, estos mundos están conectados por líneas de relato múltiples, por historias de posibilidad relacionadas con la idea de la física cuántica de los caminos de acción. Resulta que podemos alterar estas líneas de relato con sólo que nos arriesguemos a plantarnos cara al embaucador en cada uno de los puntos del camino.

Cuando te desplazas por tu propia línea de relato, los objetos mentales (los contenidos de una realidad virtual dentro del reino subjetivo, que suelen aparecer en tus sueños como personajes oscuros) cobran vida y se te aparecen como nuevas imágenes, pensamientos, sentimientos e intuiciones. Estas imágenes te pueden arrastrar como si te llevara una ola gigante.

La línea de relato conecta el mundo de allí fuera con el mundo de aquí dentro. La onda de la vida desplaza al yo desde los objetos mentales de la línea de relato hasta el reino físico, donde anima las contrapartidas materiales. Entonces, las contrapartidas materiales reaccionan y devuelven por esas mismas líneas de relato una onda reflejada que establece una conexión entre la realidad virtual interior y el campo físico exterior. Esta respuesta de onda imaginal de iniciación/onda física reflejada produce un bucle en el tiempo, en el que la actividad física se produce antes o después de que aparezca el objeto mental. Cuando la actividad física se produce después, tú lo experimentas como el cumplimiento de un deseo. Cuando se produce antes, lo ves como un dejá vu, o tienes una sensación interior de saber lo que va a pasar.

Acuérdate del primer ser, Adán Kadmón. De sus ojos, boca, nariz y oídos emanó la luz primigenia ilimitada. En un gran misterio abrumador, surgieron entonces de la nada unos recipientes especiales que recogieron esta luz primigenia. Estos recipientes eran materia primigenia o seminal. Eran los primeros actos de limitación.

Para convertirte en este Adán debes ser consciente de este misterio de la luz contenida. Debes acceder a la línea de relato del tiempo, acudir al pozo de lo imaginal y dar el primer paso hacia la magia y hacia un despertar sagrado. Este paso fue y es el principio de algo, en lugar de nada. Fue y es el acto primigenio de la creación. Fue y es la formación de la herramienta más poderosa que se ha creado jamás: la palabra...

Fred Alan Wolf...

La Realidad...

 


Enfréntate a la realidad como un niño pequeño, abandona la idea preconcebida,sigue con humildad cualquier abismo adonde la naturaleza te conduzca o no aprenderás nada...

Thomas Huxley...

Auto-Conciencia...

 


"Si se logra entender la relación íntima entre nuestras acciones y sus consecuencias para uno mismo y los demás, nos transformaremos automáticamente en cuidadosos y concienzudos. Esto es lo que significa tener auto-consciencia. " Lama Yeshe...

Creo...

 



NO CREO en conseguir a una persona que nos “llene la vida”, CREO en una vida llena para poder compartir la felicidad con otra persona. NO CREO en que el amor lo genera alguien, CREO en que el amor está en nosotros, si hemos llegado a crecer lo suficien …te como para desarrollarlo y mantenerlo, y que de pronto se dispara por personas que comparten pensamientos y sentimientos.
NO CREO en la exclusividad de dar y estar, CREO en una actitud frente a la vida integral, con diferentes expresiones pero sin condiciones. NO CREO en el “amor” a primera vista ni en “creer en alguien” en muy poco tiempo, CREO en hablar el mismo idioma, en el “feeling”, en la comodidad de estar cerca, en conexiones de energía, como los ríos que se unen en un mismo curso.
NO CREO en el amor de hoy prometido para toda la vida, CREO en el respeto y en la sinceridad. En el amor maduro que nos deja espacio para crecer juntos… CREO en el amor que dos deciden, en el amor que nos da la gana de compartirlo… sin presiones… sin exigencias.
NO CREO en esfuerzos “unilaterales” por llegar. CREO en la naturaleza del fluir y coincidir. El estar centrados para escuchar hasta donde podemos llegar. Para equilibrar sin sufrir. NO CREO en amar sufriendo, CREO en amar con armonía. En que el amor es más y nunca menos. En el “te quiero” sin porqué…… NO CREO en amores que coartan, en amores que frenan. CREO en las relaciones que nos apoyan en los malos momentos, que leen la mirada… que sonríen con el alma… que están…!
NO CREO en callarse por no dañar…, CREO en la comunicación como la mejor vía para construir, coincidir y decidir. CREO en la absoluta sinceridad al decir “te amo” y también al decir “me voy”. CREO en que la vida la construimos nosotros y CREO en la frase que dice…”La vida es 10% lo que nos sucede y 90% cómo reaccionamos a ello”, y lo único que nos puede asegurar que así sea, es tener la valentía de enfrentarla sin miedos en el presente ya que el mañana podrían no estar… CREO completa y ciegamente en el AMOR Puro, integro, incondicional, cálido, ése que es tan profundo, como sensación, como belleza, como entrega, que en esencia no se diferencia del maternal, del fraternal, de la amistad, del de pareja. CREO que debemos asegurarnos cómo lo hacemos llegar, porque nos toca puntos distintos, pero al final es uno solo… el que está en nosotros como consecuencia de tener mente, emoción, sentimientos y corazón.

Antonio Ruiz Suñer...

Votos de Bodhisattva...

viernes, 8 de julio de 2011

 


Que pueda ser un guardián para los que necesitan protección, una guía para los que caminan, un bote, una balsa, un puente para los que desean atravesar un río...

Que pueda ser una luz en la oscuridad, un lugar de reposo para los que están agotados, una medicina sanadora para todos los que están enfermos, una vasija de abundancía, un árbol de milagros...

Y para las innumerables multitudes de seres vivientes, que pueda aportarles el sustento y la iluminación perdurables como la tierra y el cielo, hasta que todos los seres se liberen del sufrimiento y todos estén despiertos.

Shantideva...

Ensayo sobre la certeza...

jueves, 7 de julio de 2011

 




Equivocarse es al fin una opción más.
Porque no?
En que manual de instrucciones dice que siempre habrá de lograrse el paso a paso con éxito?
La exepción a la regla merece la imperiosa necesidad de ser ejercitada.
El quiebre de las normas, ayuda a comprenderlas, a desligarse de ellas, a poseerlas, a hacerles culto, a detestarlas...
A adjudicarse las propias y desterrar las inútiles.
No existe la desición perfecta, ni la acertada.
Nunca sabremos con exactitud, lo que deberíamos haber hecho.
No nos es dada la certeza de las pequeñas cosas.
Ni la simpleza del camino correcto, ya que debiera definirse el termino correcto y su inclusión en el lenguaje humano, adjudicaría a cada motivo tantas opciones como personas.
Ni siquiera la adecuada toma de desiciones, nos revelará formulas mágicas.
Porque es posible, que a pesar de la experiencia, una y otra vez, perdamos la convicción de haber elegido bien o tropecemos por costumbre y varias veces, con la misma piedra.
Es que al momento de definir, estaremos solos... Seremos un punto en el espacio insignificante de las dudas...
Quizás solo nos tienda una mano cálida la intuición.
Pero la deriva, retardará la desición con su falta de brújulas.
Congelará nuestra respiración al minuto de decidir...
Definiciones que pueden cambiar, tal vez, y a través de un monosílabo el curso de nuestras vidas.
La corriente hacia donde se dirige el agua torrencial de nuestro río...
La meta hacia el encuentro de dos minutos de felicidad. Sin atajos, por la autopista directa. Sin peajes ni condiciones.
El corazón no sabe de razones, como el alma no entiende de conveniencias y cálculos.
Se piensa o se siente.
Ambas cosas solo desnudarán incompatibilidad de acción.
Confusión en alza. Incertidumbre estática. Parálisis sin sentido.
El consuelo se vislumbra al entender que todo pasa, el tiempo y el porque de las cosas estan condicionadas a una duración propia que decantará quebrando indefectiblemente la eternidad de la pregunta.
El sí, no tardará en llegar.
Nos es dada solo una vida.
Somos responsables de volverla diamante pulido, volcán en erupcción, ruleta rusa o planicie en el desierto.
No podremos, los humanos, pasar el resto de los días sumergiendo la búsqueda de los sueños en las equivocadas aguas de la conformidad...
No es justo engañarse tanto...
No es acertado, enceguecerse ante la maravillosa posibilidad de tomar vuelo...
No es adecuado por miedo a vivir, matar antes del intento...
Apenas puede uno sostener, lo que opacado por la verdad, no tardará en caer...

Coni Salgado...

BOTAS NUEVAS ...

 


De pronto, caminaba por la calle y pensaba...

¿Qué lleva a esperar que otros nos aprueben ideas compartidas o nos refuten pensamientos inválidos?

¿Por qué las personas esperan respuestas, por pequeñas que sean, y en ocasiones, sin haber formulado ninguna pregunta?
Y aún así, es necesaria la comunicación, porque el silencio sabe a desprecio...

¿Qué hace el hombre con su vulnerabilidad, con su perjuro de estar en ninguna parte, y desear estadísticamente a cada una en cada lado y a cada lado, centrando en él todas las miradas ...?

Y..Qué hay de la mujer, con su eterna necesidad de ser amada... de ser única ante los ojos del hombre que la derrite, aunque disfrace la tristeza y sepa en lo profundo de su sexo que no existe tal verdad, que se inclina a una utopía con reminiscencias de mundos fantásticos y cuentos de hadas desterrados por los tiempos que corren descartables...

Lo cierto, es que de un segundo al otro, las luces de los autos me enceguecieron, la noche caía tíbia sobre mis párpados húmedos, crucé la cartera de cuero marrón a través de mi cuerpo y olvide todo lo que acabo de escribir...

Y seguí caminando, como siempre…
Miraba el suelo cuando las baldosas rotas me asignaron el camino desviándome a la entrada del local.
Ingresé al espacio amplio iluminado, y me compré un par de botas color púrpura.
...Y ya no me importo el precio, ni el hombre, ni mis preguntas, ni la pobreza mundial, ni el desfasaje de valores cayendo torrencial sobre mi tarjeta de crédito ardiente de cuotas imposibles ... el consumismo me tomó por las narices induciéndome a acreditarme de posesiones materiales de moda carentes de sentido
verdadero...incomparables al valor de los sueños de tu boca en mis labios míos, tan tuyos...

Y a pesar de esta reflexión ausente, al momento exacto del despliegue de la estúpida debilidad femenina, y catárticamente y casi sin probarlas dije : me las llevo!

Tengo ahora botas nuevas para caminar la vida... y demasiadas preguntas pisándome los talones...

Coni Salgado...

El guerrero...

 


Para los guerreros de la luz, no hay tal cosa como amor imposible...
Ellos no se dejan intimidar por el silencio, o por el rechazo...

Ellos saben que - detrás de la máscara de hielo la gente usa - hay un corazón de fuego...

Es por eso que los guerreros afrontan riesgos, más que otros...

Que incansablemente buscan el amor - incluso si esto significa escuchar, muchas veces, la palabra "no", regresar a casa derrotado, sentirse rechazado en cuerpo y alma...

Los guerreros no dejan que el desaliento los venza... Sin amor, la vida no tiene sentido...

Paulo Cohelo...

CUANDO AMAS LO QUE ERES

 




Cuando amas lo que eres,
no hay cosa inconquistable ni inalcanzable. Cuando realmente te amas a ti mismo, vives solamente en la luz de tu propia risa y viajas solamente por el camino de la alegría. Cuando estás enamorado de ti mismo, entonces, esa luz, esa fuerza unificada, esa felicidad, esa alegría, ese jubiloso estado de ser, se extiende a toda la humanidad. Cuando el amor abunda dentro de tu maravilloso ser, el mundo, con todos sus desagrados, se convierte en algo hermoso, y la vida se llena de sentido y alegría. No hay amor más sublime en la vida que el amor del Yo.

No existe amor más grande, pues a partir del abrazo del Yo existe la libertad. Y es en esa libertad donde nace la alegría. Y gracias a ese nacimiento, Dios es visto, conocido y abrazado. El amor más profundo, más grande y más significativo es el amor del Yo puro e inocente, la magnífica criatura que se sienta entre la paredes de la carne y que se mueve y contempla, crea, permite y es...

Y cuando tú ames lo que eres, sin importar cómo seas, entonces conocerás esta magnífica esencia que yo amo, que se haya detrás de todos los rostros y dentro de todas las cosas. Entonces amarás como Dios ama. Así es fácil amar y perdonar. Así es fácil ver a Dios en toda la vida...

Ramtha..

La Voz del Universo...Ciudades Intraterrenas...

 


Interior del Planeta:



Bajo la corteza del planeta existen dos grandes continentes: Agarta y El Dorado. La entrada principal del continente Agarta se encuentra en el Polo Norte, mientras que la de El Dorado, se encuentra en el Polo Sur. Los dos continentes comunican por medio de túneles subterráneos, recorridos con aparatos, científica y tecnológicamente, perfectos.



El Dorado, aún siendo hasta hoy la ilusión y el sueño no satisfecho de numerosos exploradores, no ha surgido de la calenturienta imaginación de algún soñador, no es fruto de la fantasía, no es mito ni simbolismo: El Dorado existe realmente, cual ciudad subterránea, de ciencia ficción, forjada en oro purismo ha sido construida mucho tiempo antes de la desaparición de la Atlántida -todavía antes de que los habitantes de aquel continente degenerasen-, utiliza ciencia y medios recibidos de los confederados intergalácticos, señores de la luz, de las características multidimensionales.



Su base operativa se encontraba en la isla de Poseidón, con el fin de instruir a los Atlantes sobre la Ley Cósmica y para realizar los presupuestos ideales con el intento de integrar al planeta Tierra en la confederación. Su progresiva degeneración impidió tal proyecto.



Algunos Atlantes realizados, no contaminados por la degeneración fueron, por su elección, destinados a poblar El Dorado. A otros, no suficientemente idóneos, les fue concedido emigrar, antes de que aconteciese el cataclismo, a oriente y a occidente -América Central, África Oriental, Egipto, Mesopotamia-.



Actualmente, en El Dorado, existen una fecunda colaboración y una imponente actividad con el fin de salvar al planeta de una catástrofe nuclear.



La “Ciudad de Oro” es una parte de aquel paraíso terrestre, otro mítico lugar de bíblica memoria, perdido por la humanidad, y que tiene vida propia, independiente de la vida en la superficie, alimentada por la energía de un sol central, artificial, emanando luz dorada; este se encuentra en el corazón del planeta. Con una lujuriosa y rica vegetación, con lagos y ríos de agua cristalina purísima, con animales pacíficos y serviciales, con edificios confortables tutelados por estructuras de seguridad, de ciencia ficción, contra eventuales actos vandálicos de los terrestres, e instruidos por dinamismos particulares.



Sin embargo, El Dorado no está totalmente aislado del resto del planeta; tiene numerosas vías de comunicación, amplios y comodísimos túneles que permiten a los sofisticadísimos medios, de que dispone la Ciudad de Oro, alcanzar la superficie. Las principales salidas, las más utilizadas comúnmente por sus habitantes para sus misiones, son los dos polos. Otras salidas secundarias existen en muchos puntos de la Tierra, entre ellas, el Triángulo de las Bermudas y el lago Titicaca de Perú.



En El Dorado también existe un cosmo puerto capaz de acoger numerosas naves espaciales provenientes de los espacios externos.



Algunos exploradores de nuestro tiempo, aventurándose en las inmensas extensiones de hielo del Ártico y del Antártico, a la búsqueda, posiblemente, del punto focal de los Polos, narraron haberse encontrado fortuitamente ante una población de gigantes y de haberse adentrado en una zona rica en vegetación lujuriosa, no ciertamente polar, iluminada por una radiante luz dorada proveniente de una fuente, para ellos desconocida y acariciada por un clima benignísimo de eterna primavera. Naturalmente sus relatos fueron tomados como fantasías o alucinaciones. Pero no son pocos los testimonios de algunas poblaciones del Ártico, que, a menudo, narran ver enormes astronaves salir y entrar en lugares misteriosos de los que no encuentran trazas; mientras las poblaciones peruanas de las zonas andinas narran encontrarse periódicamente, desde tiempo inmemorial, con los Señores de la Luz, de dialogar con ellos llamándoles grandes padres, de recibirlos como huéspedes de honor y, sobre todo, de saber quiénes son y de donde provienen. Se ha hablado, repetidas veces, de hombres dioses, de descendientes de las razas del pasado, de instructores de la humanidad presentes, de incógnito, sobre la tierra. Gracias a las revelaciones de estos enviados especiales, instructores del mundo, sabemos que el pueblo del El Dorado está compuesto, en su mayoría, por terrestres, cuidadosamente elegidos, viviendo en fraterna comunión con habitantes de otros planetas que hacen parte de la confederación. Las coordinaciones de todas las estructuras sociales están confiadas a científicos, entre los cuales figura el eminente físico Ettore Mayorana y otros colegas suyos, desaparecidos misteriosamente de la superficie de la tierra. Con ellos trabajan otros científicos de la Confederación, a quienes será confiado el cometido, un mañana, de dirigir y administrar la evolución científica del planeta.



El pueblo de la Ciudad de Oro además de disfrutar de la libertad incondicional de atravesar tiempo espacio, también disfruta el privilegio de transmitir un particular código genético G.N.A. a los que van a nacer, los cuales conservan la incorruptibilidad.



En casos excepcionales, o cuando determinados programas lo exigen, algunos de ellos pueden salir a la superficie, confundirse con los hombres de la tierra volviéndose irreconocibles, vivir sus costumbres, escoger una mujer seleccionada antes y particularmente predispuesta, y fecundarla con el fin de introducir en el lugar seres portadores de su genética evolutiva.



Tal proceso acaece en ciclos particularmente importantes, referentes a la evolución de la humanidad, y esta fecundación ya está en curso desde hace años. En este final de siglo se han realizado muchas manipulaciones genéticas, de notable interés, en los que van a nacer.



Hay intervenciones directas e intervenciones indirectas: las primeras son intervenciones realizadas directamente por el pueblo de El Dorado, las otras son intervenciones realizadas a través de sujetos, masculinos, terrestres idóneos para transmitir el semen de la genética superior.



Las intervenciones indirectas, sin embargo, pueden malograrse.



Los regidores de esta obra cósmica son los Elohim, potencias creadoras de forma y sustancia, patrones de la luz y portadores de la Inteligencia Omnicreante. Son arquetipos y guías de la Confederación Intergaláctica. Su naturaleza es astral y poseen capacidades multidimensionales. Viven en los astros pero, si quieren, pueden crearse un cuerpo físico. Son ellos que han hecho al hombre a su imagen y semejanza.



En la Ciudad de Oro no existen ni templos ni iglesias, no se ofician ritos, ni se realizan cultos, ya que la ley, la religión del pueblo de El Dorado es:“ama a tu prójimo como a ti mismo”, la justicia, la paz, el amor, la fraternidad están en el corazón de todo habitante.



El Dorado, en un futuro ya próximo, volverá a emerger, del corazón del planeta, para acoger al nuevo pueblo y a la nueva civilización, mientras las tierras de la actual “civilización” terrestre conocerán la profundidad de los abismos en el cíclico alternarse de la Ley de Flujo y Reflujo, cual purificación y “renovación” de toda cosa.



Hoara Comunica:



“Cuando la existencia del hombre terrestre comenzaba a instruirse en forma organizativa social, sobre el planeta Marte, como vosotros lo llamáis, ya existía, desde hacía tiempo, una floreciente, madura civilización instituida e instruida por un grupo de colonizadores provenientes de la Confederación Intergaláctica, de la cual nosotros hacemos parte desde hace quince mil millones de años de vuestro tiempo.



El pueblo atlantideo primero y los egipcios después, recibieron de estos colonizadores válidas relaciones de conocimiento, tanto sobre la astrofísica como sobre la metafísica. También tuvieron nociones bien precisas sobre otros campos del saber cosmo físico y cosmo dinámico. Con precaución, al pueblo atlantideo le fue concedido el conocimiento de una “particular ciencia espacial”, de una técnica capaz de psiquizar la materia aparentemente inerte y de efectuar alquimias y otras.



Pero, ya que prevaleció la naturaleza corruptible del hombre y de sus perversos instintos, las precauciones tomadas fueron puestas en evidencia. Los Elohim, los únicos a poder decidir, sentenciaron una severa intervención punitiva, después de haber concedido, a la parte mejor y realizada, el ponerse a salvo.



Y, he aquí a los egipcios y otros emigrantes en América del centro y del sur, con todo su equipaje cultural, a su tiempo recibido y nuevamente manifestado.



La fuerza degenerante, desgraciadamente, sólo estaba amodorrada.



Cuando los primeros astronautas terrestres pongan pie sobre el planeta Marte, tendrán el modo de reestructurar esta historia. Recibirán la sorpresa de no poder considerarse los únicos seres inteligentes de todo lo creado.



Tendrán la posibilidad de meditar y deducir...”


Tomado del libro:El Águila de Oro-Eugenio Siragusa

La vision penetrante...

 


Observación pura, lucidez alerta, escucha vigilante, llamada de atención, son términos usados por Krishnamurti para designar este instrumento por excelencia del despertar. La atención se despliega como un estar-en-el-mundo-en-el-instan​te, la presencia a lo que es, sin pantallas y sin máscaras. Lugar de un escuchar infinito donde el mundo no se repite jamás, donde “el pensamiento más profundo ama la vida más viviente”.

Acogida plenamente sensible de lo que nos rodea, contemplación y compasión, la atención es al mismo tiempo – en el mismo flujo – investigación apasionada de sí mismo. Y por esto, el espacio de una libertad posible. En efecto, es por el contraste con la atención que se descubre nuestro apego a las interferencias del ego. Ver, en el mejor sentido de la palabra, es liberarse de ello. Este ver pone en juego una acción que ya no se fundamenta en la sola punzante repetición del pensamiento. Esta manera soberana de ir en cada instante a lo más verdadero, no exige – paradójicamente – ni esfuerzo ni voluntad. Ello se cumple de hecho en el olvido del yo, “en el olvido de las palabras”. Es a la concentración – percibida aquí como el estrechamiento del campo de la consciencia con fines egocéntricos – lo que el diseño libre es al diseño impuesto:

“Cuando pones realmente atención, no hay una acción fundamentada en la memoria. En cambio, si te concentras, tú haces un esfuerzo, actuando siempre a partir de la memoria, como un tocadiscos repetitivo”

Donde la concentración cierra, la atención abre. La una empobrece, la otra acrecienta. La una quiere circunscribir, la otra busca comprender. La una filtra el mundo a imagen de la persona, la otra no tiene más objeto que su despliegue impersonal. Para Krishnamurti, ver es percibir en el espacio de un instante la verdad de un evento:

“El acto de ver es instantáneo, no es “yo aprenderé a ver”. Si tú dices “yo aprenderé”, tú ya has introducido el tiempo”.

Para que esto pueda surgir, uno no se ejercita. La lucidez no podría ser el fruto de un procedimiento habitual:

“Estar lúcido, observar simplemente tus pensamientos, saber simplemente lo que piensas y sientes, sin condenación, sin defensa, sin justificación. En la lucidez no hay un llegar a ser, sino simplemente observación, una observación silenciosa.”

Quién podría no hacer oídos sordos a lo más viviente, a lo más verdadero de sí mismo? Quién podría conocerse en la forma más simple y completa?

“Debes tener la capacidad de explorar, no aquella capacidad que se adquiere con el tiempo como el aprendizaje de una técnica, sino esa capacidad que brota cuando estás verdadera y profundamente comprometido, porque descubrir es una cuestión de vida o muerte…”

Quien está atento es como un aprendiz, más allá de toda medida. Es el alumno de la realidad en estado de escucha extrema. Presto a esa “no-saciedad de lo esencial” que evoca Simone Weil. Plenitud fundamentalmente desinteresada – se piensa en el “sin finalidad y sin provecho” del budismo zen o en “la acción sin fruto” predicada por el Bhagavad Guita – tan presente a su objeto que no hay lugar en ella para
un sujeto.

“Ve lo que se produce cuando se observa con todo el ser, con la totalidad de la energía. Verás que en esa intensidad no existe el observador; no hay más que atención. Es la inatención la que separa al observador de la cosa observada.”

En Krishnamurti, todo cuestionamiento brota de una lucidez constante de un hecho (estamos atados a las cosas, somos violentos, envidiosos, temerosos, etc.) y no de una idea. Y para comprender este hecho, es necesario observarlo de frente, sin demora ni rodeos, concederle una atención total e instantánea, fuera de toda esa red de fugas y evasiones que hemos tejido:

“Sólo se puede enfrentar un hecho en el presente. Si no se le permite estar presente, porque se huye de él, no se podrá reencontrarlo jamás.”

Así – y esto cada uno puede verificarlo – huir del temor no hace más que acrecentarlo. Al contrario, quien está plenamente presente, cara a cara con lo inmediato, no conoce el temor, “Si te entregas a tu propia presencia, no hay lugar para el temor”. Este sólo puede surgir cuando interviene el pensamiento. La verdadera inteligencia, según Krishnamurti, no es más que la total liberación del temor.

“Mientras no se esté liberado del temor, se pueden escalar las más altas montañas, inventar toda clase de dioses, igual se vive en las tinieblas.”

Uno recuerda la frase apaciguadora que lanza Jesús a los apóstoles sobre el Monte Tabor: ” No tengáis miedo !” (Mateo 17, 7). A quien le interroga: ” Podré ser liberado del temor ?, Krishnamurti responde:

“Tú eres el temor; tú y el temor no sois dos cosas separadas. La separación no es más que el temor mismo. Cuando veas que tú eres el temor, que tú y él no son dos cosas distintas, el temor desaparece. Entonces, ya no son necesarias las fórmulas y las creencias, porque no se vive sino con lo que es, y con la verdad de lo que es.”

Cambio total, reversión, reflexión. Por qué tengo miedo? Porque el miedo es parte integrante de mí. Si yo soy el miedo, ningún otro yo podría actuar sobre él, negarlo, rehusarlo, reprimirlo, combatirlo… Yo no puedo más que observar, sin proyectos ni prejuicios. “La atención misma que se concede a un problema – insiste Krishnamurti – es la energía que lo resuelve”, La intensidad de la observación, anulando la distancia entre
el miedo y el yo, pone fin en el acto a la dualidad. Dicho de otra manera, la energía, concentrada por entero en la observación, deja de nutrir la influencia del miedo. Nace otro movimiento, un no -movimiento por el cual el observador no se experimenta ya como separado de lo observado. A los ojos de aquel que ve, la impresión que nos hace el mundo no es diferente del peregrinaje al interior de sí.

Para Krishnamurti, mientras no tratemos de ver más allá del yo, no podremos encontrar aquello que no tiene principio ni fin. La sola enseñanza verdadera es: “Examínate, obsérvate y supérate”.

Extirpar las raíces del miedo, es justamente penetrar de un extremo a otro nuestro teatro de sombras para confrontarse con lo que es. En este sentido, la atención es percepción de la verdadera naturaleza de las cosas, a la vez una apreciación y una visión penetrante, pero quién ve si no la visión? Tal como no hay pensador observando el pensamiento, porque el pensador es el pensamiento, la visión aparece cuando desaparece el observador, “este constructor de imágenes, esta colección de memorias y de ideas, este paquete de abstracciones”. Quién medita si no la meditación?

“La meditación pone fin al pensamiento, pero no por la acción de aquel que medita, porque el que medita no es otro que la meditación… Deja que esta cualidad meditativa venga a ti. Si ella no viene, no la persigas”.

Es un llamado fluyente que se opone a la crispación de una vía puramente intelectual, en la que el espíritu está literalmente separado del corazón. Visión de conjunto, toma de consciencia “sin elección”, es decir, sin ajustarse a un modelo particular, más allá del gusto o disgusto. “La visión penetrante no deja cicatrices en la memoria.” Reversión de nuevo, No sabríamos ir de lo conocido a lo desconocido, pero, desde que tenemos consciencia, estamos preparados para lo desconocido. Posibilidad inaudita de un descondicionamiento tan absoluto como instantáneo. En la apertura de la atención florece simplemente la libertad, la cual es siempre inicial e iniciadora,

“Reflexionar sobre la posibilidad de ser libre no nos lleva a ninguna parte, Se debe comenzar por ser libre.”

Extraìdo de:La vision penetrante de Krishnamurti...

EL SENTIDO OCULTO DE LA VIDA....

 




El Universo, de alguna forma, ya sea según las modernas teorías del Big Bang, o las antiguas teorías religiosas que afirmaban que había salido de una parte del rostro de Brahma o había sido creado por determinado Dios, alguna vez tuvo comienzo. El Universo está en marcha...

Los antiguos pensaban -y los filósofos podemos corroborarlo con nuestro pensamiento- que aquello que los hindúes llamaban Sadhana, el sentido de la vida, existe, porque está presente en todos los seres vivos.

Siempre trato de que mis discípulos observen el fuego y el agua: si vertemos un poco de agua en cualquier sitio, esa agua empezará a caer, o bien a desplazarse, a marchar; tiene una sabiduría, está buscando algo, va hacia algún lugar, y marcha, marcha sin detenerse; y cuando no puede marchar en línea recta, se desvía, hace meandros, rodea las piedras y las montañas hasta llegar inexorablemente al mar. ¿Y qué pasa cuando llega al mar? El calor evapora el agua y se forman nubes; esas nubes flotan en el aire hasta que, en determinado momento, caen convertidas en lluvia. Y otra vez en agua, y cuando cae al suelo busca de nuevo llegar al mar. Y si el agua tiene esa sabiduría de poder vivir, buscar, encontrar, sublimarse, volver otra vez por más experiencias y culminar ese ciclo, ¿por qué nosotros no hemos de responder a la misma ley de la Vida? Si incluso nuestro cuerpo está hecho en gran parte de agua, ¿por qué no buscará también el mismo fin, y por qué nuestra alma no irá, como dice Plotino, al Alma del Mundo, a algún plano, en alguna vibración donde esté más cómoda que aquí?

No será similar esto de encarnar y desencarnar, de nacer y morir? Cuando nacemos, hay como una nube que de alguna manera condensa nuestras almas en gotitas; cada uno somos una gota, y esas gotas se reúnen, caminan, todos juntos formamos sociedad, nos unimos,formamos grupos, hasta que llega el momento en que desembocamos en ese mar donde «aparentemente» nos disolvemos. Y tal vez haya una Fuerza cósmica que nos eleve otra vez, que nos convierta de nuevo en aquellos espíritus que descienden sobre la Tierra.

Lo que expongo es una posibilidad lógica, aunque en la Antigüedad era considerada una verdad irrebatible. Hay una muy vieja hipótesis que afirma que todo esto tiene una razón, porque si no fuese así, ¿no pensáis que la Vida sería de una crueldad inmensa? Estaríamos en medio de una verdadera locura. Imaginad: nos ponen en el escenario del mundo, en España, en Tanzania o en cualquier lugar en que hayamos nacido; aparecemos, somos niñitos, nos dicen éstos son mamá, papá, tío, abuelita; nos llevan al colegio, estudiamos, vivimos, amamos, odiamos, tenemos problemas y cuando aprendemos a vivir, la misma mano que nos trajo, nos empieza a sacar de la vida. Cuando tenemos más experiencia, cuando realmente podríamos manejar las cosas, entonces nos quitan y nos vamos.

Si todo esto no tuviese un sentido, si no tuviese una continuidad, este mundo estaría loco...

Observemos una planta, la más normal, cualquiera que tengáis en vuestras casas y veréis la inmensa inteligencia con que fue diseñada. Hoy se habla de los paneles térmicos para aprovechar la luz solar, sí, pero desde el período precarbonífero ya había paneles térmicos para aprovechar la luz solar: eran las hojas de las plantas. Las hojas de las plantas aprovecharon la luz solar para la fotosíntesis; además, a través del sistema de capilaridad (descubierto por los físicos hace pocos cientos de años), las plantas pueden lograr que sus jugos vitales vayan desde las raíces hasta las hojas, se renueven y bajen de nuevo hasta las raíces; o sea, que todo está tremendamente, magníficamente pensado. Detengámonos ahora en un animal, por ejemplo una pantera o un tigre. ¿Por qué el tigre tiene rayas, por qué la pantera en Brasil tiene manchas? El tigre tiene rayas porque vive entre los bambúes y configuran un camuflaje que hace que no se le vea prácticamente. La pantera de Brasil tiene manchas porque vive en una selva donde hay flores, hay hojas, y esas flores y hojas de distintos colores oscuros y dorados, hacen que ella se confunda también dentro de ese panorama.

Todo esto quiere decir que hay otras inteligencias que las nuestras que están pensando, o han pensado, los Arquetipos que rigen a las plantas y a los animales. ¿Y qué me decís, por ejemplo, de los minerales? ¿Habéis visto las rocas, las piedras, los cristales, habéis visto de qué manera están perfectamente diseñados, mejor tal vez que la Gran Pirámide? ¿Y cómo es que la Naturaleza, con una sola sustancia, el carbono, ha podido crear el confuso granito y el transparente diamante? Eso demuestra que hay un pensamiento a través de toda la Naturaleza que nos rige, que todo está perfectamente pensado.



Aquel o Aquello que ideó las curiosas tracciones que permiten moverse a las amebas, que los pájaros tengan los huesos huecos para ser más livianos y poder volar, que diseñó las escamas de los peces para que puedan penetrar más fácilmente en el agua, que les dotó de una vejiga natatoria para subir y bajar como los modernos submarinos; aquel que ha pensado todo eso, ¿por qué no habría de haber pensado no sólo nuestra constitución física, sino también nuestra constitución psicológica, mental y, ultérrimamente, nuestra finalidad?

¿Por qué creer que esta Inteligencia Cósmica se ha preocupado por las plantas, los animales, los minerales y no se ha preocupado por los hombres, si nosotros también somos seres vivos? La Vida existe y está pensada por Alguien, por Algo, está perfectamente calculada. ¿Por qué? ¿Para qué se ha utilizado tanto y con tanta intensidad el Pensamiento en dar a todas las cosas esta armonía maravillosa? Tiene que ser para algo. Nadie hace un puente si nadie va a caminar encima.

Nadie hace un barco si nadie va a navegar en él. Nadie hace una silla si nadie se va a sentar en ella. Es evidente que nuestra construcción orgánica y la construcción orgánica de la Naturaleza, están hechas para algo, para ser aprovechadas por algo que va a durar más que el objeto en sí, algo que va a poder utilizarlas. Y a «aquello» que va a utilizarlas, nosotros los filósofos, le llamamos Alma, el Espíritu que pasa a través de las cosas.

Es evidente que inmersos como estamos en esta cárcel de carne, en nuestros problemas económicos, familiares, vitales, es muy difícil a veces reflexionar sobre estas cuestiones. Yo recuerdo un trozo del libro de Ovidio Nasón, El arte de amar, que me impresionó mucho la primera vez que lo leí. Ovidio era, como sabéis, uno de los grandes poetas de la época del Emperador Augusto y, digamos que era un poco -en España creo que se diría así – juerguista, le gustaba salir con mujeres por la noche, beber, acostarse muy tarde (o mejor dicho, muy temprano, cuando ya había salido el sol)… Pero, claro, además de ser así, era Ovidio. El nos cuenta, entre otras muchas cosas, lo que le pasó con una de sus amadas a quién le inventó un nombre (en aquella vieja época existía el honor de no mencionar los nombres de las damas, sino inventarlos; una buena costumbre). La llamaba Corina; no sabemos quién era. Dice Ovidio que llegó en una ocasión al palacio de Corina, una dama de la alta sociedad romana que poseía tesoros preciosos, entre ellos, un papagayo llegado tal vez de las indias que sabía hablar. El papagayo repetía todo lo que ella le decía, contestaba, hablaba con ella, era una gran compañía. Ovidio llega y ve a Corina llorando mientras sostiene el papagayo aparentemente muerto. El papagayo está caído sobre sus manos y Corina llora. Ovidio le pregunta: Corina ¿por qué lloras? Y ella respondió: ¿Te acuerdas de este papagayo que hablaba con nosotros, que repetía nuestras palabras de amor, nuestros cantos, que era una maravillosa joya, verde como una esmeralda? Hoy es un montón de plumas, nada más. ¿Dónde está el papagayo? ¿Qué pasa? ¿Por qué terminan las cosas? Ovidio trata de consolarla, de iniciarla en cosas que Corina no sabe, y le dice: has de saber, Corina, que hay un cielo donde están los hombres y también hay un cielo para los animales. Hay una pequeña banda entre el cielo de los hombres y el de los animales en donde están los animales superiores, aquellos que incluso pueden hablar al hombre y repetir sus palabras y allí consuelan a esos animales recordándoles la voz de sus amos; luego vuelven otra vez a la Tierra a acompañar a los hombres. Corina llora y dice: «No, a mí no me cuentes esto; aquí hay simplemente un montón de plumas verdes, ya no está más mi papagayo, ya no vive más». Y entonces, el papagayo, en el último esfuerzo antes de morir, levanta su pequeña cabeza, mira a Corina y le dice: «Corina, Corina, la muerte no existe».





Es muy bello encontrar estos viejos ejemplos. Es muy bello pensar que a veces los animales, las plantas y los árboles mueren en paz, porque tienen un conocimiento que nosotros hemos perdido al haber intelectualizado demasiado la vida. Hemos perdido el conocimiento de nuestra propia eternidad, hemos perdido el conocimiento de nuestra vida interior, hemos perdido el conocimiento de nuestra Alma inmortal.

Hoy tenemos que retomar ese conocimiento, porque en el fondo y a pesar de todos nuestros avances tecnológicos, a veces estamos tristes; y a pesar de vivir en megalópolis, estar entre las gentes, poder conversar y leer periódicos, ver la televisión o escuchar la radio, a veces nos sentimos muy solos, enormemente solos. A veces quisiéramos que alguien nos dijese alguna cosa, como ese papagayo, que la muerte no existe, que esta Vida tiene un sentido, que tiene una direccionalidad; y es evidente que la tiene.

Si vosotros veis una flecha en el aire, ¿no pensarías que surgió de un arco y que va hacia un blanco? Lo que nosotros estamos viendo en la Vida es una flecha en el aire, y esa flecha fue lanzada por un Divino Arquero. Alguna vez, con un sonido inconcebible, fuimos lanzados a través del tiempo y del espacio, pero vamos a llegar a un blanco, vamos a llegar a algún lugar. Toda nuestra Vida tiene sentido, tienen sentido nuestras alegrías porque nos confortan para seguir viviendo, y tienen sentido también nuestros pesares y nuestras lágrimas porque nos permiten recoger experiencias, nos hacen un poco más sabios, tal vez hasta un poco más buenos.

Quienes hayan compartido risas, saben qué bueno es eso para el entusiasmo y quienes hayan compartido lágrimas saben qué bueno es eso para la unión de las almas. Porque en esta Vida y en esta Naturaleza nada hay realmente malo, todo es bueno en el seno de su Oculto Sentido...

Retazos de la Conferencia "El Sentido Oculto de la Vida" Prof. Jorge A. Livraga