La Compasión...

miércoles, 29 de junio de 2011

 


¿Cuál es el propósito de la vida? He considerado esta pregunta y me gustaría compartir mis pensamientos con la esperanza de que puedan aportar un beneficio prácti­co y directo a todos aquellos que los lean.

Creo que el propósito de la vida es ser feliz. Desde el momento del nacimiento, cada ser humano busca la felicidad y no quiere el ...sufrimiento. Esto no se ve afectado ni por las condiciones sociales o de educación ni por las ideologías. Desde lo más profundo de nuestro ser, sim­plemente deseamos ser felices.
No sé si el universo con sus incontables galaxias, estrellas y planetas, tiene un sig­nificado más profundo o no, pero en último término está claro que nosotros, seres: humanos que vivimos en esta tierra, nos enfrentamos a la tarea de conseguir una vida feliz. Por ello, es importante descubrir aquello que traiga consigo el mayor grado de felicidad.

CÓMO ALCANZAR LA FELICIDAD

Para empezar, podemos dividir cada tipo de felicidad y sufrimiento en dos categorías principales: mental y física. De las dos, la mente es la que ejerce una mayor influen­cia en la mayoría de nosotros. Exceptuando aquellas si­tuaciones en las que nos encontramos gravemente enfer­mos o sin cobertura para las más básicas necesidades, nuestra condición física desempeña un papel secundario en la vida. Si el cuerpo está satisfecho, virtualmente lo ig­noramos. La mente, sin embargo, registra cada hecho, no importa lo pequeño que sea. Por ello, debemos dedicar nuestros esfuerzos más serios a obtener la paz mental.

Desde mi propia y limitada experiencia, he descu­bierto que el mayor grado de tranquilidad interna viene del desarrollo del amor y la compasión.

Cuanto más nos preocupamos de la felicidad de los demás, mayor es nuestro sentimiento de bienestar. Cultivando un sentimiento cálido, cercano a los demás, auto­máticamente ponemos nuestra mente en un estado de calma. Esto nos ayuda a remover todos aquellos miedos o inseguridades que podamos tener y nos da la fuerza necesaria para enfrentarnos a cualquier obstáculo que surja. Es la fuente última de éxito en la vida.

Mientras vivamos en este mundo, estamos destinados a encontrar problemas. Si en esos momentos perdemos la esperanza y nos desanimamos, disminuiremos nuestra ca­pacidad para enfrentarnos a las adversidades. Si, por otro lado, recordamos que no somos los únicos, sino que todo el mundo debe experimentar sufrimientos, esta perspec­tiva más realista de la situación aumentará nuestra determinación y capacidad para superar los problemas. Es más, con esta actitud, cada nuevo obstáculo puede ser visto como otra oportunidad para mejorar nuestra mente.

Así pues, podemos esforzarnos gradualmente para convertirnos en seres más compasivos, es decir, podemos desarrollar una simpatía genuina por el sufrimiento de los demás conjuntamente con el deseo de ayudarles a re­mover su dolor. Como resultado, aumentará nuestra pro­pia serenidad y fuerza interna.

NUESTRA NECESIDAD DE AMOR

Finalmente, la razón por la que el amor y la compasión traen la mayor felicidad es simplemente porque nuestra naturaleza las aprecia por encima de cualquier otra cosa. La necesidad de amar es la base de la existencia huma­na. Es el resultado de la profunda interdependencia que todos compartimos. No importa lo hábil o capaz que sea un individuo, por si solo él o ella no sobrevivirá. No im­porta lo vigoroso o independiente que uno se sienta du­rante los períodos más brillantes de su vida, cuando uno está enfermo, o es muy joven o muy viejo, debe depen­der de la ayuda de los demás.

La interdependencia, desde luego, es una ley funda­mental de la naturaleza. No solamente las formas de vida más desarrolladas sino también los más diminutos insec­tos son seres sociales quienes, sin ninguna religión, leyes ni educación, sobreviven a través de una cooperación mutua basada en el reconocimiento innato de sus pro­pias interconexiones.

El nivel más sutil de los fenómenos materiales está también gobernado por la interdependencia. Todo fenómeno, desde el planeta en el que habitamos hasta los océanos, nubes, bosques y flores que nos rodean, surge con dependencia de unos modelos muy sutiles de ener­gía. Sin la apropiada interacción, se disuelven y decaen. Es debido a que nuestra propia existencia humana es tan dependiente de la ayuda de los demás por lo que nuestra necesidad de amor está en la base misma de nuestra existencia. Por ello necesitamos un genuino sen­tido de responsabilidad y una preocupación sincera por el bienestar de los demás.

Tenemos que considerar qué es lo que somos real­mente nosotros, los seres humanos. No somos objetos hechos como las máquinas. Si fuéramos meramente en­tidades mecánicas, entonces las mismas máquinas po­drían aliviar todos nuestros sufrimientos y dar solución a nuestras necesidades. Sin embargo, y debido a que no somos criaturas puramente materiales, es un error poner todas nuestras esperanzas de felicidad únicamente en el progreso externo. En su lugar, debemos considerar nuestros orígenes y naturaleza para descubrir qué es lo que necesitamos.

Dejando de lado la compleja cuestión de la creación y la evolución del universo, podemos como mínimo es­tar de acuerdo en que cada uno de nosotros es el pro­ducto de nuestros padres. En términos generales nuestra concepción ocurrió no sólo en el contexto del deseo se­xual sino también en la decisión de nuestros padres de tener un hijo. Estas decisiones están basadas en la res­ponsabilidad y en el altruismo: el compromiso compasiva de los padres en cuidar de su hijo hasta que éste sea capaz de cuidar de sí mismo. Así pues, desde el mismo momento de nuestra concepción, el amor de nuestros padres está directamente involucrado en nuestra crea­ción. Más todavía, nosotros dependemos completamen­te del cuidado de nuestra madre desde las etapas más tempranas de nuestro crecimiento. Según algunos cien­tíficos, el estado mental de una mujer embarazada, sea tranquilo o agitado, tiene un efecto físico directo sobre el niño todavía por nacer.

La expresión del amor es también algo muy impor­tante en el momento del nacimiento. Ya que la primera cosa que hacemos es succionar la leche del pecho de nuestra madre, nos sentimos naturalmente cercanos a ella, y ella debe sentir amor por nosotros a fin de poder­nos alimentar apropiadamente; si nuestra madre siente enfado o resentimiento la leche no fluirá libremente. Luego viene el período crítico del desarrollo del ce­rebro desde el momento del nacimiento hasta, al menos, la edad de 3-4 años, durante el cual el contacto físico y el cariño son los factores más importantes para un normal crecimiento del niño. Si éste no se siente acariciado, abrazado, mimado y querido, su desarrollo se verá per­turbado y su cerebro no madurará apropiadamente. Ya que un niño no puede sobrevivir sin el cuidado de los demás, el amor es el alimento más importante. La felicidad en la infancia, el apaciguamiento de los muchos miedos del niño y el saludable desarrollo de la confianza en sí mismo, todo ello depende directamente del amor. Actualmente muchos niños crecen en familias infeli­ces. Si ellos no reciben el cariño adecuado, más tarde en la vida difícilmente amarán a sus padres y, con frecuen­cia, les será difícil amar a los demás. Esto es muy triste. Cuando el niño crezca y vaya a la escuela, su necesi­dad de ayuda debe encontrar respuesta en sus profeso­res. Si el maestro además de impartir la educación aca­démica asume también la responsabilidad de preparar a sus alumnos para la vida, sus alumnos sentirán confian­za y respeto, y aquello que se les haya enseñado dejará una huella indeleble en sus mentes.

Por otro lado, las enseñanzas recibidas de un maestro que no muestra una auténtica preocupación por el bienestar de sus estudiantes serán recibidas como tempora­les y olvidadas muy pronto. Asimismo, si uno está enfermo y está siendo tratado en un hospital por un médico que demuestra un senti­miento cálido y humano, uno se siente cómodo y el de­seo del doctor de dar la mejor atención posible es en sí mismo curativo, sin importar el grado de habilidad téc­nica que el médico tenga. Por otro lado, si nuestro doc­tor carece de sentimientos humanos y demuestra una ex­presión poco amistosa, de impaciencia o indiferencia, nos sentiremos ansiosos, e incluso cuando él o ella ten­gan todas las cualificaciones, la enfermedad haya sido correctamente diagnosticada y la apropiada medicación prescrita, inevitablemente, los sentimientos del paciente crearán una diferencia en la calidad y la totalidad de su recuperación.

Incluso cuando participamos en una conversación or­dinaria en nuestra vida diaria, si alguien nos habla con sentimiento humano, disfrutamos escuchándole y res­pondemos de la misma manera. La conversación entera se hace interesante, no importa lo poco atrayente que sea el tema. Por otro lado, si una persona habla fría o du­ramente, nos sentimos incómodos y deseamos poner un pronto final al intercambio. El afecto y el respeto de los demás son vitales para nuestra felicidad en cualquier situación al margen de su importancia.

Recientemente me encontré con una pareja de cien­tíficos en América que me comentaron que el porcenta­je de enfermos mentales en su país era bastante elevado, alrededor del 20% de la población. Quedó claro duran­te nuestra discusión que la causa principal de la depre­sión no era la falta de necesidades materiales sino la ca­rencia del afecto de los demás.

Así pues, como se puede ver por lo que he escrito has­ta ahora, una cosa aparece clara para mí: seamos o no conscientes de ello, desde el día de nuestro nacimiento, a necesidad de cariño humano está en nuestra sangre. Incluso si el afecto proviene de un animal o de alguien a quien consideraríamos normalmente un enemigo, to­dos, niños y adultos, gravitarán naturalmente hacia él. Creo que nadie nace libre de la necesidad de amar. Y ello demuestra que los seres humanos no se pueden de­finir como algo puramente físico aunque algunas escue­las modernas del pensamiento busquen hacerla. Ningún objeto material, no importa lo bello o valioso que sea, puede hacernos sentir amados, porque nuestra más pro­funda identidad y auténtico carácter se halla en la natu­raleza subjetiva de la mente.

Algunos de mis amigos me han dicho que, aunque el amor y la compasión son buenos y maravillosos, no son realmente muy relevantes. Nuestro mundo, dicen ellos, no es lugar donde dichas creencias tengan mucha influencia o poder. Ellos declaran que el enfado y el odio son una parte tan integrante de la naturaleza humana que la humanidad estará siempre dominada por ellos. Yo no estoy de acuerdo.

Nosotros, seres humanos, hemos existido con nuestra forma actual durante más de 100.000 años. Creo que si durante este tiempo la mente humana hubiera estado principalmente controlada por el enfado y el odio, el to­tal de la población habría disminuido. Pero hoy, a pesar de nuestras guerras, nos encontramos con que la pobla­ción humana es más numerosa que nunca. Esto me indi­ca claramente que el amor y la compasión predominan en el mundo. Y es por ello por lo que los hechos desagra­dables son «noticia»; las actividades compasivas son de tal forma parte de nuestra vida diaria que las damos por algo supuesto, y por lo tanto, son grandemente ignoradas.

Hasta ahora he venido comentando principalmente los beneficios mentales de la compasión, pero también contribuye a un buen estado de salud física. De acuerdo con mi propia experiencia personal, la estabilidad men­tal y el bienestar físico están relacionados directamente. No hay duda, el enfado y la agitación nos hacen más sus­ceptibles a las enfermedades. Por otro lado, si la mente está tranquila y ocupada en pensamientos positivos, el cuerpo no caerá enfermo tan fácilmente.

Pero, desde luego, es también cierto que todos posee­mos un innato egoísmo que inhibe nuestro amor hacia los demás. Así pues, ya que todos deseamos la felicidad au­téntica que sólo proviene de una mente tranquila, y ya que esta paz mental proviene de una actitud compasiva ¿cómo podemos desarrollarla? Obviamente, no basta con pensar qué bonita es la compasión. Necesitamos hacer un esfuerzo combinado para desarrollarl Debemos utilizar todos los acontecimientos de nuestra vida diaria para transformar nuestros pensamientos y conductas.

Antes que nada debemos tener claro qué es lo que queremos decir con compasión. Muchas formas de sentimientos compasivos se mezclan con el deseo y el apego. Por ejemplo, el amor que los padres sienten por sus hi­jos está a menudo fuertemente asociado a sus propias necesidades emocionales; así pues, no es completamen­te compasivo. De nuevo, en el matrimonio, el amor en­tre marido y mujer, particularmente al principio, cuando cada uno quizá no conoce todavía profundamente el ca­rácter del otro, depende más del apego que del auténti­co amor. Nuestro deseo puede ser tan fuerte que la per­sona a la que estamos apegados nos parece positiva, aun cuando, de hecho, él o ella sean muy negativos. Además, tenemos una tendencia a exagerar las pequeñas cualida­des positivas. Así que cuando la actitud de uno en la pa­reja sufre un cambio, el otro se disgusta y su actitud va­ría también. Esto es una señal de que el amor ha sido motivado más por una necesidad personal que por un cariño auténtico por la otra persona.

La auténtica compasión no es sólo una respuesta emocional, sino un compromiso firme basado en la ra­zón. Así pues, una actitud compasiva auténtica hacia los demás no cambiará incluso cuando ellos se comporten negativamente. Desde luego, desarrollar este tipo de com­pasión es fácil. Para empezar, consideremos los hechos siguientes:

Tanto la gente que es hermosa y afable como la que es fea y destructiva, en último término son seres humanos como yo mismo. Como yo, todos quieren la felicidad y huyen del sufrimiento. Más aún, su deseo de superar el sufrimiento y ser felices es igual al mío. Así, cuando re­conocemos que todos los seres son iguales tanto en su deseo de obtener la felicidad como en el derecho a ob­tenerla, automáticamente sentimos simpatía y cercanía hacia ellos. Así, al ir acostumbrando a nuestra mente a este sentido de altruismo universal, desarrollaremos un sentimiento de responsabilidad hacia los demás: el de­seo de ayudarles activamente a superar sus problemas. Éste no es un deseo selectivo, se aplica por igual a todos. Mientras sean seres humanos que experimentan placer y dolor, lo mismo que nosotros, no hay base lógica para discriminar entre ellos o para alterar nuestra preocupa­ción por ellos si se comportan negativamente.

Quiero enfatizar que está a nuestro alcance, con tiem­po y paciencia, el desarrollar este tipo de compasión.

Desde luego, nuestro egoísmo, nuestro apego al senti­miento de un yo independiente, existe en sí mismo, trabaja fundamentalmente para inhibir nuestra compasión. Aún más, la auténtica compasión se puede experimentar solamente cuando este tipo de apego al yo es eliminado. Pero esto no significa que no podamos empezar y hacer progresos a partir de este mismo momento.

CÓMO PODEMOS EMPEZAR

Debemos empezar removiendo los mayores obstáculos de la compasión: el enfado y el odio. Como todos sabe­mos, son unas emociones extremadamente poderosas y pueden dominar nuestra mente por entero. De todas formas, podemos llegar a controlarlas. Sin embargo, si no dominamos estas emociones negativas, nos persegui­rán como una plaga sin ningún esfuerzo extra por su parte e impedirán nuestra conquista de la felicidad de una mente con amor.

Por ello, para empezar es útil investigar el valor del enfado. A veces, cuando nos desanimamos ante una situación difícil, el enfado parece útil, parece que nos re­porta una mayor energía, confianza y determinación.

Aquí, sin embargo, debemos examinar nuestro esta­do mental cuidadosamente. Mientras es cierto que el enfado proporciona una energía extra, si exploramos la na­turaleza de esta energía, descubriremos que es ciega; no podemos estar seguros de si el resultado será positivo o negativo. Eso es porque el enfado eclipsa la mejor parte de nuestro cerebro: su racionalidad. Así, la energía del enfado es casi siempre poco fiable. Puede causar una gran cantidad de conducta destructiva, desafortunada. Además, si el enfado llega a ser extremo, uno se con­vierte en un loco actuando de forma tan perjudicial para sí mismo como para los demás.

Es posible, sin embargo, desarrollar una energía igual­mente poderosa pero mucho más controlada con la que manejar las vibraciones difíciles.

Esta energía más controlada proviene no sólo de una actitud compasiva sino también de la razón y de la paciencia. Éstos son los antídotos más poderosos contra el enfado. Por desgracia mucha gente prejuzga estas cuali­dades como síntomas de debilidad. Creo, en cambio, que lo contrario es cierto: son signos auténticos de fuerza in­terior. La compasión es por su propia naturaleza gentil, pacífica y suave, pero también muy poderosa. Son los que fácilmente pierden la paciencia quienes son insegu­ros e inestables. Por todo ello, para mí, el surgimiento del enfado es un signo inequívoco de debilidad.

Así, cuando surge un problema, tratas de permanecer humilde y mantener una actitud sincera, preocupándo­te de que la solución sea justa. Desde luego, otros pue­den intentar aprovecharse de ti y si el hecho de que tú mantengas una actitud de desapego sirve sólo para pro­vocar una agresión injusta, en ese caso adopta una pos­tura firme. Esto último debe ser hecho con compasión y, si es necesario expresar tus puntos de vista y tomar me­didas extremas, hazlo, pero sin enfado ni malicia.

Debes darte cuenta de que aun cuando parezca que tus adversarios te están haciendo daño, al final su actitud destructiva sólo les perjudicará a ellos. A fin de controlar nuestro impulso egoísta de devolverles el daño recibido, debemos acordarnos de nuestro deseo de practicar com­pasión y asumir la responsabilidad de ayudar a prevenir que la otra persona sufra las consecuencias de sus actos. Así, debido a que han sido elegidas con calma y refle­xión, las medidas que empleemos serán más efectivas, adecuadas y poderosas. La venganza basada en la ciega energía del enfado rara vez da en el blanco.

AMIGOS y ENEMIGOS

Debo enfatizar de nuevo que el hecho de pensar mera­mente en que la compasión, la razón y la paciencia son beneficiosas no basta para desarrollarlas.

Debemos estar a la espera de las dificultades que van a surgir y entonces intentar practicar con ellas.

¿Y quién crea dichas dificultades? Nuestros amigos no, desde luego, sino nuestros enemigos. Ellos son quienes nos dan los mayores problemas. Así, si realmente queremos aprender, debemos considerar al enemigo como a nuestro mejor maestro.

Para una persona que aprecia la compasión y el amor, la práctica de la tolerancia es esencial, y para ello, un enemigo es imprescindible. Debemos pues sentimos agradecidos hacia nuestros enemigos, ya que son ellos los que mejor nos ayudan a desarrollar una mente tran­quila. También vemos que tanto en la vida pública como en la privada, debido a un cambio en las circunstancias, los enemigos se convierten en amigos.

El enfado y el odio son siempre dañinos, y a no ser que entrenemos nuestras mentes y trabajemos para reducir su fuerza negativa, continuarán perturbando y en­torpeciendo nuestros intentos por desarrollar una men­te en calma. El enfado y el odio son nuestros enemigos reales. Ellos son las fuerzas contra las que debemos pe­lear y vencer, no los enemigos «temporales» que apare­cen intermitentemente a lo largo de nuestra vida.

Desde luego, es natural y correcto que todos quera­mos tener amigos. A menudo hago bromas diciendo que si quieres ser realmente egoísta debes ser muy altruista.

Debes cuidar de los demás, preocuparte por su bienes­tar, ayudarles, servirles, hacer más amigos, sonreír más... ¿El resultado? Cuando tú mismo necesites ayuda encon­trarás a muchos que se brinden a dártela. Si, por otro lado, descuidas el dar felicidad a los demás, en último término tú serás el perdedor.

¿Se crea la amistad por medio de peleas y enfados, ce­los e intensa competencia? No lo creo así. Sólo el afecto nos proporciona auténticos amigos íntimos.

En la sociedad materialista de hoy en día, si tienes di­nero y poder pareces tener muchos amigos. Pero no son amigos tuyos, son amigos de tu dinero y poder. Cuando pierdes tu fortuna e influencia resulta muy difícil encontrar a esa gente.

El problema está en que mientras las cosas en el mun­do nos vayan bien, nos sentimos confiados, creemos que podemos arreglarnos por nosotros mismos y sentimos que no necesitamos amigos, pero cuando nuestra situa­ción y salud declinan, nos damos cuenta rápidamente de cuán equivocados estábamos. Este es el momento en que aprendemos quién nos ayuda realmente y quién no nos es de ninguna utilidad. Así pues, a fin de prepararnos para ese momento, para conseguir amigos auténticos que nos ayudarán cuando surja la necesidad, debemos cultivar nosotros mismos el altruismo.

Aunque a veces la gente se ríe cuando digo esto, yo mismo siempre quiero más amigos. Amo las sonrisas. De­bido a ello tengo el problema de saber cómo hacer ami­gos y cómo conseguir más sonrisas, especialmente sonri­sas genuinas. Ya que hay muchas clases de sonrisas, tales como sonrisas sarcásticas, artificiales o diplomáticas. Hay muchas sonrisas que no crean un sentimiento de satis­facción, y a veces incluso pueden llegar a crear descon­fianza o miedo, ¿no? Pero una sonrisa auténtica real­mente nos crea una sensación de frescor y es, creo, algo exclusivo de los seres humanos. Si ésas son las sonrisas que deseamos, entonces deberemos crear nosotros mis­mos las causas para que surjan.

LA RELACIÓN CON LA IRA Y LA EMOCIÓN

La ira y el odio son dos de nuestros amigos más íntimos.

Cuando era joven tuve una relación bastante estrecha con la ira. Luego, al pasar el tiempo, sentí un gran desa­cuerdo con ella. Utilizando el sentido común, con la ayu­da de la compasión y la sabiduría, ahora tengo un argu­mento más poderoso con que derrotar la ira.

Según mi experiencia, es evidente que si el individuo hace un esfuerzo, puede cambiar. Por supuesto, el cambio no es inmediato y lleva mucho tiempo. Para cambiar y ocuparse de las emociones resulta decisivo analizar qué pensamientos son útiles, constructivos y beneficiosos para nosotros. Me refiero ante todo a esos pensamientos que nos tranquilizan, nos relajan y nos dan paz de espí­ritu, en oposición a los que crean inquietud, miedo y frustración. Este análisis es parecido al que podríamos hacer para cosas externas, como las plantas. Algunas plantas, flores y frutos son buenos para nosotros, así que los usamos y los cultivamos. Las plantas que son veneno­sas o nocivas para nuestra salud aprendemos a recono­cerlas y a veces hasta a destruirlas.

Existe un parecido con el mundo interior. Es dema­siado simplista hablar del «cuerpo» y la «mente». Dentro del cuerpo hay billones de partículas diferentes. Del mis­mo modo, hay muchos pensamientos diferentes y una di­versidad de estados mentales. Resulta aconsejable echar una mirada atenta al mundo de la mente y hacer una dis­tinción entre los estados mentales nocivos y los benefi­ciosos. Una vez que uno reconoce el valor de los estados mentales buenos, puede aumentarlos o fomentarlos.

Buda enseñó los principios de las cuatro nobles ver­dades y éstos forman la base del Dharma. La Tercera Noble Verdad es la extinción. Según Nagarjuna, en este contexto extinción significa el estado mental o la cuali­dad mental que, mediante la práctica y el esfuerzo, sus­pende todas las emociones negativas. Nagarjuna define la verdadera extinción como una situación en la que el individuo ha alcanzado un estado mental perfecto, libre de los efectos de los diversos pensamientos y emociones dolorosos y negativos. Ese estado de verdadera extinción es, según el budismo, un Dharma genuino y por lo tanto es el refugio que todos los budistas practicantes buscan. Buda se convierte en objeto de refugio, digno de respe­to, porque ha alcanzado ese estado. Por lo tanto, la re­verencia que uno siente hacia él, y la razón por la que uno busca refugio en Buda, no es porque éste haya sido desde el principio una persona especial, sino porque ha alcanzado ese estado de verdadera extinción. Del mismo modo, la comunidad espiritual, o sangha, se toma como un objeto de refugio porque sus miembros son indivi­duos que ya están en el camino que conduce al estado de extinción, o lo están emprendiendo.

Descubrimos que el verdadero estado de extinción sólo puede entenderse desde el punto de vista de un estado mental al que se ha liberado o purificado de pen­samientos y emociones negativos por medio de la aplica­ción de antídotos y neutralizantes. La verdadera extin­ción es un estado mental y los factores que conducen a él son también funciones de la mente. Además, la base sobre la que se realiza la purificación es el contínuum mental. Por lo tanto, la comprensión de la naturaleza de la mente es decisiva para la práctica budista. Con esto no quiero decir que todo lo que existe es simplemente un reflejo o proyección de la mente, y que aparte de la men­te nada existe. Pero debido a la importancia que la com­prensión de la naturaleza de la mente tiene en la prácti­ca budista, la gente describe a menudo el budismo como «una ciencia de la mente».

En términos generales, en la literatura budista, un pensamiento o una emoción negativos se definen como «un estado que ocasiona perturbación dentro de la men­te». Esas emociones y pensamientos dolorosos son los factores que crean infelicidad y desorden dentro de no­sotros. La emoción por lo general no es necesariamente negativa. En un congreso científico al que asistí junto con muchos psicólogos y neurólogos, se llegó a la conclusión de que hasta los Budas tienen emoción, según la definición de este estado de ánimo que aparece en di­versas disciplinas científicas. Por lo tanto, podemos ha­blar de káruna (bondad o compasión infinitas) como un tipo de emoción.

Desde luego, las emociones pueden ser positivas y ne­gativas. Sin embargo, cuando se habla de ira, etcétera, nos referimos a emociones negativas, que inmediata­mente crean algún tipo de infelicidad o inquietud y que, a largo plazo, crean ciertas acciones. Esas acciones llevan con el tiempo a dañar a otros, y eso nos acarrea dolor o sufrimiento. A eso llamamos emociones negativas.

Una emoción negativa es la ira. Quizá hay dos clases de ira. A una de ellas se la podría transformar en una emoción positiva. Por ejemplo, si uno tiene un interés y una motivación compasiva sincera por alguien y esa per­sona no escucha nuestras advertencias acerca de sus acciones, entonces no hay otra alternativa que el uso de algún tipo de fuerza para detener las fechorías de esa persona. En la práctica de Tantrayana hay técnicas de meditación que permiten transformar la energía de la ira. Ésa es la razón de las deidades coléricas. Sobre la base de la motivación compasiva, la ira puede en algunos casos ser útil porque nos da una energía adicional y nos permite actuar velozmente.

Sin embargo, la ira comúnmente conduce al odio y el odio es siempre negativo. El odio abriga rencor. Yo normalmente analizo la ira en dos niveles: en el nivel humano básico y en el nivel budista. Desde el nivel huma­no, sin ninguna referencia a una ideología o a una tra­dición religiosa, podemos observar las fuentes de nues­tra felicidad: la salud, las comodidades materiales y las buenas compañías. Ahora bien, desde el punto de vista de la salud, las emociones negativas como el odio son muy malas. Como la gente por lo general trata de cui­darse la salud, la actitud mental es una técnica que pue­de utilizar. El estado mental de uno debería ser siempre tranquilo. Aunque aparezca alguna angustia, como es natural en la vida, uno debería mantenerse siempre tranquilo. Como una ola, que se levanta desde el agua y vuelve a disolverse en el mar, estas perturbaciones son muy cortas, así que no deberían afectar a nuestra actitud mental básica. Aunque no podemos eliminar todas las emociones negativas, si nuestra actitud mental básica es saludable y tranquila, no se verá muy afectada. Si uno se mantiene tranquilo, la presión sanguínea, etcétera, es más normal y como consecuencia nuestra salud mejora­rá. Aunque no pueda explicarlo científicamente, creo que mi propia condición física mejora a medida que en­vejezco. Tomo los mismos medicamentos, tengo el mis­mo médico, como los mismos alimentos, así que la razón debe de ser mi estado mental. Algunas personas me di­cen: «Usted debe de tener algún tipo especial de reme­dio tibetano». ¡Pues no!

Como he dicho antes, de joven era bastante irritable. A veces disculpaba esto diciendo que era porque mi padre era irritable, como si se tratara de algo genético. Pero al pasar el tiempo, pienso que ahora casi no siento odio hacia nadie; ni siquiera hacia los chinos que crean desdicha y sufrimiento a los tibetanos siento realmente ningún tipo de odio.

Algunos de mis amigos íntimos tienen presión san­guínea alta, y sin embargo nunca sufren crisis de salud y jamás se sienten cansados. A lo largo de los años he co­nocido a algunos adeptos muy buenos. Mientras tanto, hay otros amigos que disfrutan de grandes comodida­des materiales y que cuando empezamos a hablar, des­pués de las amabilidades iniciales, se ponen a quejarse y a lamentarse. A pesar de su prosperidad material, esas personas no tienen mentes tranquilas o pacíficas. ¡En consecuencia, siempre se están preocupando de la di­gestión, del sueño, de todo! Por lo tanto, resulta claro que la tranquilidad mental es un factor muy importante para la buena salud. Si uno quiere buena salud, no tiene que buscar a un médico, sino mirar dentro de sí mismo. Tratemos de utilizar algo de nuestro potencial. ¡Incluso resulta más barato!

La segunda fuente de felicidad son los bienes mate­riales. A veces, al despertarme temprano por la mañana, si no estoy de muy buen humor, cuando miro el reloj me siento incómodo. y otros días, debido quizá a la experiencia de la jornada anterior, cuando me despierto estoy de un humor agradable y tranquilo. Entonces, cuando miro el reloj lo encuentro extraordinariamente hermoso. Sin embargo, se trata del mismo reloj, ¿no es así? La di­ferencia está en mi actitud mental. Que el uso de los bie­nes materiales proporcione o no una auténtica satisfac­ción depende de nuestra actitud mental.

Es malo para nuestros bienes materiales que la ira do­mine nuestra mente. Para volver sobre mi propia experiencia, cuando era joven a veces reparaba relojes. Lo in­tentaba y fracasaba una y otra vez. En algunas ocasiones perdía la paciencia y golpeaba el reloj. Durante esos mo­mentos, la ira alteraba toda mi actitud y después me sen­tía muy arrepentido de mis acciones. Si mi meta era re­parar el reloj, ¿por qué lo golpeaba contra la mesa? De nuevo vemos cuán decisiva es la actitud mental a la hora de utilizar los bienes materiales para nuestro auténtico beneficio o satisfacción.

Nuestros compañeros son la tercera fuente de felici­dad. Resulta evidente que cuando uno está mentalmen­te tranquilo, se muestra sincero y abierto. Daré un ejem­plo. Hace unos catorce o quince años, había un inglés llamado Phillips que tenía una estrecha relación con el gobierno chino, incluso con Chu En-lai y otros líderes. Hacía muchos años que los conocía y era muy amigo de los chinos. Una vez, en 1977 o 1978, Phillips vino a Dha­ramsala a verme. Trajo algunas películas y me habló de todos los aspectos buenos de China. Al comienzo de la reunión había un gran desacuerdo entre nosotros, por­que teníamos opiniones completamente diferentes. Se­gún él, la presencia de los chinos en el Tíbet era buena. En mi opinión, y según muchos informes, la situación no era buena. Como de costumbre, yo no tenía ningún sen­timiento negativo particular hacia él. Simplemente creía que Phillips defendía ese punto de vista a causa de su ig­norancia. Con mente abierta, seguimos conversando. Yo sostenía que los tibetanos que se habían unido al Parti­do Comunista chino ya en 1930 y que habían participa­do en la guerra chinojaponesa y habían acogido bien la invasión china y colaborado entusiasmados con los co­munistas chinos, lo habían hecho porque creían que era una oportunidad de oro para desarrollar el Tíbet, desde el punto de vista de la ideología marxista. Esas personas habían colaborado con los chinos movidas por una au­téntica esperanza. Entonces, alrededor de 1956 o 1957, la mayoría de ellas fueron despedidas de diversos cargos públicos chinos, algunas fueron encarceladas y otras de­saparecieron. Le expliqué entonces que no somos ni an­tichinos ni anticomunistas. En realidad, yo a veces me siento mitad marxista, mitad budista. Le expliqué todas esas cosas con franqueza y motivación sinceras y después de algún tiempo su actitud cambió por completo. Este ejemplo me confirma de algún modo que incluso cuan­do hay una diferencia grande de opinión, uno puede co­municarse en un nivel humano. Se pueden dejar a un lado esas diferentes opiniones y conversar. Pienso que ésa es una manera de crear sentimientos positivos en las mentes de otras personas.

Además, estoy bastante seguro de que si este decimo­cuarto Dalai Lama sonriera menos, quizá yo tendría menos amigos en diversos lugares. Mi actitud hacia otras personas es mirarlas siempre desde el nivel humano. En ese nivel, sea presidente, reina o pordiosero, no hay di­ferencia, a condición de que exista un sincero senti­miento humano con una sincera sonrisa de afecto.

Pienso que hay más valor en el auténtico sentimiento humano que en el estatus, etcétera. No soy más que un simple ser humano. Mediante mi experiencia y discipli­na mental, he desarrollado una cierta actitud nueva. Eso no es nada especial. Usted, que supongo que ha tenido una mejor educación y más experiencia que yo, cuenta con un potencial mayor para cambiar. Vengo de una al­dea pequeña sin educación moderna y sin un conoci­miento profundo del mundo. Además, desde los quince o dieciséis años he llevado una inconcebible carga. Por lo tanto, cada uno de ustedes debería sentir que tiene un gran potencial y que, con confianza y un poco más de es­fuerzo, el cambio es realmente posible si lo desea. Si siente que su modo de vida actual es desagradable o tie­ne algunas dificultades, no mire estas cosas negativas. Vea el lado positivo, el potencial, y haga un esfuerzo.

Pienso que a esas alturas ya hay algún tipo de garantía parcial de éxito. Si utilizamos toda nuestra energía o to­das nuestras cualidades positivas, podemos superar esos problemas humanos.

Así, en cuanto a nuestro contacto con otros seres hu­manos, nuestra actitud mental es muy decisiva. Hasta para un no creyente, para un simple y honrado ser hu­mano, la fuente definitiva de felicidad está en nuestra actitud mental. Aunque uno tenga buena salud, bienes ma­teriales usados de manera apropiada y buenas relaciones con otros seres humanos, la causa principal de una vida feliz está dentro de uno. Si se tiene más dinero a veces aumentan las preocupaciones y se quiere todavía más. Fi­nalmente uno se convierte en un esclavo del dinero. Aunque resulta muy útil y necesario, no es la fuente de­finitiva de la felicidad. Del mismo modo, la educación, si no está bien equilibrada, puede crear a veces más pro­blemas, más angustia, más codicia, más deseo y más am­bición: en suma, más sufrimiento mental. También los amigos son a veces muy molestos.

Ahora ve usted cómo minimizar la ira y el odio. Prime­ro, es sumamente importante darse cuenta de la negatividad de esas emociones en general, ante todo el odio. Pienso que es el enemigo mayor. Por «enemigo» entien­do la persona o factor que directa o indirectamente des­truye nuestro interés, aquello que a fin de cuentas crea felicidad.

También podemos hablar del enemigo externo. Por ejemplo, en mi caso, nuestros hermanos y hermanas chinos están destruyendo los derechos tibetanos y, de esa manera, se produce más sufrimiento y angustia. Pero por fuerte que sea eso, no puede destruir la fuente supre­ma de mi felicidad, que es mi tranquilidad de espíritu. Eso es algo que un enemigo externo no puede aniquilar. Pueden invadir nuestro país, pueden destruir nuestros bienes, pueden matar a nuestros amigos, pero todo eso es secundario para la felicidad mental. La fuente defini­tiva de mi felicidad mental es mi paz de espíritu. Nada puede destruir eso, excepto mi propia ira.

Además, uno puede huir u ocultarse de un enemigo externo y a veces hasta se puede engañar al enemigo. Por ejemplo, si alguien perturba mi paz mental, puedo huir cerrando la puerta y quedándome tranquilamente solo. ¡Pero con la ira no puedo hacer eso! Dondequiera que vaya, está siempre allí. Aunque haya cerrado la ha­bitación, la ira sigue estando dentro de mí. A menos que uno adopte cierto método, no hay posibilidad de huir. Por lo tanto, el odio, o la ira -y aquí me refiero a la ira negativa-, es a fin de cuentas el auténtico destructor de mi paz mental, y es por lo tanto mi verdadero enemigo.

Algunas personas creen que reprimir la emoción no es bueno, que es mucho mejor dejada salir. Creo que hay diferencias entre diversas emociones negativas. Por ejemplo, en lo que respecta a la frustración, existe un cierto tipo que aparece como resultado de sucesos pasa­dos. A veces, si se ocultan esos sucesos negativos, como por ejemplo el abuso sexual, consciente o inconsciente­mente eso crea problemas. Por lo tanto, en ese caso es mucho mejor expresar la frustración y dejarla salir. Sin embargo, según nuestra experiencia con la ira, si no se hace un esfuerzo por reducirla, sigue acompañándonos y hasta aumenta. Entonces nos enfadamos incluso ante pequeños incidentes. Una vez que uno intenta controlar o disciplinar la ira, con el tiempo ni siquiera los sucesos importantes lograrán despertarla. Mediante el entrena­miento y la disciplina se puede cambiar.

Cuando viene la ira hay una técnica importante que ayuda a conservar la paz mental. Uno debe tratar de no sentirse descontento o frustrado, porque ésa es la causa de la ira y el odio. Hay una relación natural entre causa y efecto. Una vez que se cumplen ciertas causas y condi­ciones, resulta sumamente difícil impedir que el proceso causal se cumpla. Examinar la situación es decisivo para poder detener el proceso causal en una etapa muy tem­prana. Entonces no llega a la etapa avanzada. En el texto budista Guía del modo de vida Bodhisattva, el gran erudito Shantideva dice que es muy importante asegu­rarse de que una persona no se meta en una situación que lleve al descontento, porque éste es la semilla de la ira. Eso significa que hay que adoptar una cierta actitud hacia los propios bienes materiales, hacia los compañe­ros y amigos, y hacia las diversas situaciones.

Nuestros sentimientos de descontento, infelicidad, pérdida de esperanza, etcétera, están de hecho relacionados con todos los fenómenos. Si no adoptamos la ac­titud correcta, es posible que todas y cada una de las co­sas nos provoquen frustración. A algunas personas hasta el nombre del Buda podría ocasionarles ira y frustración, aunque quizá no sea ése el caso cuando alguien tiene un encuentro personal directo con un Buda. Por lo tanto, todos los fenómenos tienen el potencial de crear frustración y descontento en nosotros. No obstante, los fe­nómenos son parte de la realidad y nosotros estamos su­jetos a las leyes de la existencia. Eso, entonces, nos deja una sola opción: cambiar nuestra propia actitud. Produ­ciendo un cambio en nuestra actitud hacia las cosas y los acontecimientos, todos los fenómenos pueden llegar a ser amigos o fuentes de felicidad, en vez de enemigos o fuentes de frustración.

Un caso particular es el de un enemigo. Por supues­to, en un sentido, tener un enemigo es muy malo. Per­turba nuestra paz mental y destruye algunas de nuestras cosas buenas. Pero si lo miramos desde otro ángulo, sólo un enemigo nos da la oportunidad de ejercitar la paciencia. Ningún otro nos ofrece la oportunidad de la tolerancia. Por ejemplo, como budista, pienso que Buda no se ocupó en absoluto de darnos la oportuni­dad de ejercitar la tolerancia y la paciencia. Algunos miembros de la sangha nos la pueden dar, pero por lo demás es bastante rara. Como no conocemos a la mayo­ría de los cinco mil millones de seres humanos que pue­blan esta Tierra, la mayoría de las personas no nos dan la oportunidad de mostrar tolerancia o paciencia. Sólo la gente que conocemos y que nos crea problemas nos ofrece realmente una buena oportunidad para ejercitar la tolerancia y la paciencia.

Visto desde este ángulo, el enemigo es el más grande maestro para nuestra práctica. Shantideva sostiene muy brillantemente que los enemigos, o los que nos hacen daño, son en realidad objetos dignos de respeto y dignos de ser considerados nuestros preciosos maestros. Uno podría protestar diciendo que no podemos considerar a los enemigos dignos de respeto porque no tienen inten­ción de ayudamos; el hecho de que nos resulten útiles y beneficiosos no es más que una coincidencia. Shantide­va dice que si es así, por qué debemos, como budistas practicantes, considerar el estado de extinción como un objeto digno de refugio cuando es un mero estado men­tal y no tiene por su parte ninguna intención de ayudar­nos. Uno podría entonces decir que aunque eso es cier­to, por lo menos en la extinción no hay intención de dañarnos, mientras que los enemigos, muy lejos de tener la intención de ayudarnos, en realidad piensan dañar­nos. Por lo tanto, un enemigo no es un objeto digno de respeto. Shantideva dice que es esa misma intención de dañarnos lo que convierte al enemigo en algo muy espe­cial. Si no tuviera intención de dañarnos, no clasificaría­mos a esa persona como un enemigo, y por lo tanto nuestra actitud sería completamente diferente. Es esa in­tención de dañarnos lo que convierte a esa persona en un enemigo y a causa de eso nos da una oportunidad de ejercitar la tolerancia paciente. Por lo tanto un enemigo es un precioso maestro. Pensando de ese modo, uno puede reducir las emociones mentales nega­tivas, en especial el odio.

A veces la gente siente que la ira es útil porque crea audacia y energía adicionales. Cuando encontramos di­ficultades, podemos creer que la ira nos protege. Pero aunque nos da más energía, ésta es esencialmente ciega. No hay ninguna garantía de que la ira y la energía no se vuelvan destructivas para nuestros propios intereses. Por lo tanto, el odio y la ira no son nada útiles. Otra cuestión es que si uno siempre tiene una actitud humilde otros pueden aprovecharse, y ¿cómo debería reaccionar uno? Es bastante sencillo: hay que actuar con sabiduría o sentido común, sin ira y sin odio. Si la situa­ción es tal que hace falta algún tipo de acción por nues­tra parte, se puede, sin ira, contrarreaccionar. En reali­dad, esas acciones que se rigen más por la auténtica sabiduría que por la ira son de hecho más eficaces. Una contrarreacción en medio de la ira puede con frecuen­cia ser mala. En una sociedad muy competitiva, es a ve­ces necesario contrarreaccionar. Examinemos otra vez la situación tibetana. Como he dicho, seguimos un camino auténticamente no violento y compasivo, pero eso no significa que vayamos a someternos a la acción de los agresores y ceder. Sin ira y sin odio, podemos regirnos con mayor eficacia.

Hay otro tipo de práctica de la tolerancia que impli­ca cargar conscientemente con los sufrimientos de otros. Pienso en situaciones en las que, por participar en ciertas actividades, somos conscientes de las privaciones, las dificultades y los problemas a corto plazo, pero esta­mos convencidos de que tales acciones tendrán un efec­to muy beneficioso a largo plazo. Debido a nuestra acti­tud y a nuestro compromiso y deseo de producir ese beneficio a largo plazo, a veces consciente y deliberada­mente cargamos con las privaciones y problemas de a corto plazo.

Uno de los medios eficaces por los que se pueden su­perar las fuerzas de emociones negativas como la ira y el odio es cultivar fuerzas opuestas, por ejemplo cualidades positivas de la mente como el amor y la compasión.

DAR Y RECIBIR

La compasión es la cosa más maravillosa y preciosa. Cuando hablamos de la compasión, resulta alentador observar que la naturaleza humana básica es, creo, com­pasiva y amable. A veces discuto con amigos que creen que la naturaleza humana es más negativa y agresiva. Yo sostengo que si se estudia la estructura del cuerpo hu­mano se ve que es parecido al de esas especies de mamí­feros cuyo modo de vida es más benévolo o pacífico. A veces bromeo a medias diciendo que nuestras manos es­tán hechas de tal manera que sirven más para abrazar que para golpear. Si estuvieran hechas principalmente para golpear, estos hermosos dedos no serían necesarios. Por ejemplo, si los dedos permanecen extendidos, los boxeadores no pueden golpear con fuerza, así que tie­nen que cerrar el puño. Eso significa, pienso, que nues­tra estructura física básica crea una especie de naturale­za compasiva o benévola.

Si nos fijamos en las relaciones, el matrimonio y la concepción son muy importantes. Como dije antes, el matrimonio no debe basarse en un amor ciego o en un tipo de amor loco extremo; debe basarse en un conocimiento mutuo y en la comprensión de que se está en condiciones de convivir. El matrimonio no es para la sa­tisfacción temporal, sino para algún tipo de sentido de responsabilidad. Ése es el verdadero amor, y la base del matrimonio.

La concepción apropiada de un niño se produce en ese tipo de actitud mental o moral. Mientras el niño está en la matriz materna, la tranquilidad mental de la madre tiene un efecto muy positivo sobre el niño nonato, según algunos científicos. Si el estado mental de la madre es negativo, por ejemplo si está frustrada o enfadada, eso es muy nocivo para el sano desarrollo del niño. Un cientí­fico me contó que las primeras Semanas después del na­cimiento son el período más importante, pues durante ese tiempo el cerebro del niño se agranda. Durante esa época, el contacto con la madre o con alguien que cum­pla el papel de madre es decisivo. Eso demuestra que aunque el niño no puede darse cuenta de quién es quién, de algún modo necesita físicamente el afecto de otro. Una carencia de ese tipo es muy perjudicial para el sano desarrollo del cerebro.

Después del nacimiento, el primer acto de la madre es nutrir al niño con su leche. Si aquélla carece de afec­to o de sentimientos bondadosos hacia el niño, la leche no sale. Si la madre alimenta al bebé con sentimientos bondadosos, aunque sufra dolor o enfermedad, la leche sale generosamente. Ese tipo de actitud es como una joya preciosa. Por otra parte, si el niño carece de alguna clase de sentimiento estrecho hacia la madre, puede no mamar. Eso demuestra cuán maravilloso es el acto de afecto por ambas partes. Ése es el principio de nuestras vidas.

Igualmente en el caso de la educación, la experiencia me dice que esas lecciones que aprendemos de maestros que no sólo son buenos sino que además demuestran afecto por el alumno, calan de un modo profundo en nuestras mentes, cosa que tal vez no ocurre con las lec­ciones de otro tipo de maestros. Aunque uno pueda es­tar obligado a estudiar, y pueda temer al maestro, esas lecciones quizá no tienen demasiado efecto. Depende mucho del afecto del maestro.

Del mismo modo, cuando vamos a un hospital, con independencia de la calidad del médico, si éste nos muestra un sentimiento genuino y un interés profundo, y si nos sonríe, nos sentimos bien. Pero si el médico muestra poco afecto humano, aunque sea un gran ex­perto, quizá nos sentimos inseguros y nerviosos. Así es la naturaleza humana.

Por último, podemos reflexionar acerca de nuestras vidas. Cuando somos jóvenes, y de nuevo cuando somos viejos, dependemos mucho del afecto de los demás. En­tre esas etapas normalmente sentimos que podemos ha­cerlo todo sin ayuda de otros y que el afecto de los de­más simplemente no es importante. Pero pienso que es muy importante conservar un afecto humano profundo en esa etapa. Cuando la gente en una ciudad o pueblo grande se siente sola, no significa que carezca de com­pañía humana, sino más bien que carece de afecto hu­mano. Como consecuencia de eso, su salud mental llega con el tiempo a ser muy frágil. Por otra parte, las perso­nas que crecen en una atmósfera de afecto humano tie­nen un desarrollo corporal, mental y de conducta mu­cho más positivo y apacible. Los niños que han crecido sin esa atmósfera tienen comúnmente actitudes más ne­gativas. Eso muestra muy claramente la naturaleza hu­mana básica. También el cuerpo humano, como dije an­tes, aprecia la paz mental. Las cosas que nos perturban tienen un efecto muy malo sobre nuestra salud. Lo que demuestra que la estructura de nuestra salud es tal que está hecha para una atmósfera de afecto humano. Por lo tanto, nuestro potencial de compasión está allí. Lo úni­co que falta es saber si nos damos cuenta de eso y lo uti­lizamos.

El propósito básico de mi explicación es mostrar que por naturaleza somos compasivos, que la compasión es algo muy necesario y algo que podemos desarrollar. Es importante saber el significado exacto de la compasión. Diferentes tradiciones y filosofías tienen distintas inter­pretaciones del significado de amor y compasión. Algu­nos de mis amigos cristianos creen que el amor no se puede desarrollar sin la gracia de Dios; en otras palabras, para desarrollar el amor y la compasión es necesaria la fe. La interpretación budista es que la auténtica compa­sión se basa en una clara aceptación o reconocimiento de que los demás, como uno mismo, quieren la felicidad y tienen derecho a vencer el dolor. Sobre esa base uno desarrolla algún tipo de interés en el bienestar de los de­más, con independencia de la actitud que tenga sobre sí mismo. Eso es la compasión.

En muchos casos, el amor y la compasión que uno siente hacia los amigos es en realidad apego. Ese senti­miento no se basa en la comprensión de que todos los se­res tienen el mismo derecho a ser felices y a vencer el do­lor. Se basa, en cambio, en la idea de que algo es «mío», «mi amigo» o algo bueno para «mí». Eso es apego. Así, cuando la actitud de esa persona hacia uno cambia, nuestro sentimiento de cercanía desaparece inmediata­mente. Con la otra actitud, uno desarrolla algún tipo de interés con independencia de la actitud de la otra per­sona hacia uno, simplemente porque esa persona tam­bién es un ser humano y tiene todo el derecho a superar el dolor. Si se vuelve neutral con uno o incluso llega a ser nuestro enemigo, nuestro interés debería seguir siendo el mismo para respetar sus derechos. Ésa es la principal diferencia. La auténtica compasión es mucho más sana; es imparcial y se basa en la razón. Por contraste, el ape­go es intolerante y parcial.

En realidad, la auténtica compasión y el apego son contradictorios. Según la práctica budista, para desarro­llar la auténtica compasión primero hay que practicar la meditación del equilibrio y la ecuanimidad, despegán­dose de las personas que están muy cerca. Entonces uno debe borrar los sentimientos negativos que tiene hacia los enemigos. Todos los seres sensibles deberían ser con­siderados iguales. Sobre esa base, se puede desarrollar gradualmente una auténtica compasión por todos ellos. Debemos aclarar que la auténtica compasión no se pa­rece a la lástima ni al sentimiento de que los demás son de algún modo inferiores. En realidad, con la auténtica compasión uno considera a los otros más importantes que uno mismo.

Como señalé antes, para generar una auténtica com­pasión, ante todo hay que pasar por el entrenamiento de la ecuanimidad. Eso se transforma en algo muy impor­tante porque sin un sentido de ecuanimidad hacia todos, nuestros sentimientos hacia los demás no serán impar­ciales. Por lo tanto, daré ahora un ejemplo breve de un ejercicio budista de meditación sobre cómo desarrollar la ecuanimidad. Primero se debe pensar en un pequeño grupo de personas de su entorno, por ejemplo los ami­gos y los parientes, con los que se tiene apego. Segundo, se debe pensar en algunas personas hacia las que uno siente una total indiferencia. Y tercero, pensar en algu­nas personas hacia las que se siente antipatía. Una vez que se han imaginado todas esas personas diferentes, hay que dejar que la mente entre en su estado natural y ver cómo respondería normalmente a un encuentro con esas personas. Observamos que la reacción natural es la de apego hacia los amigos, aversión hacia las personas que consideramos enemigas y total indiferencia hacia las que juzgamos neutrales. Entonces hay que tratar de in­terrogarse. Hay que comparar los efectos de las dos actitudes opuestas que uno tiene hacia los amigos y los ene­migos, y ver por qué desarrolla estados mentales tan fluctuantes hacia esos dos diferentes grupos de personas. Hay que ver qué efectos tienen esas reacciones sobre la mente y tratar de entender la inutilidad de relacionarse con ellos de una manera tan extrema. Ya he discutido los pros y los contras de abrigar odio y generar ira hacia los enemigos, y también he hablado un poco sobre los defectos de estar demasiado atado a los amigos, etcétera. Uno debe reflexionar y tratar de minimizar las fuertes emociones hacia esos dos grupos opuestos de personas. Entonces, y lo que es más importante, debe reflexionar sobre la igualdad fundamental entre uno mismo y todos los demás seres sensibles. Así como uno tiene el deseo natural instintivo de ser feliz y vencer el dolor, lo mismo les ocurre a todos los seres sensibles; así como uno tiene derecho a satisfacer esa aspiración innata, lo mismo les ocurre a todos los seres sensibles. Entonces, ¿exacta­mente en qué nos basamos para nuestras discriminacio­nes?

Si observamos la humanidad en su conjunto, veremos que somos animales sociales. Además, las estructuras de la economía moderna, la educación, etcétera, nos mues­tran que el mundo se ha convertido en un lugar más pe­queño y que dependemos mucho unos de otros. En esas circunstancias, pienso que la única opción es vivir y tra­bajar juntos en armonía y mantener en nuestras mentes el interés por toda la humanidad. Ésa es la única actitud, el único camino, que debemos adoptar para nuestra su­pervivencia.

Por naturaleza, especialmente como ser humano, mis intereses no son independientes de los de las otras personas. Mi felicidad depende de la de los demás. Por lo tanto, cuando veo a gente feliz, automáticamente me siento también un poco más feliz que cuando veo a personas en una situación difícil. Por ejemplo, cuando la televisión nos muestra a personas que se mueren de ham­bre en Somalia, incluso viejos y niños, automáticamente nos sentimos tristes, sin considerar si esa tristeza puede conducir o no a algún tipo de ayuda activa.

Además, en nuestra vida cotidiana utilizamos ahora muchas y excelentes comodidades, por ejemplo casas con aire acondicionado. Todas esas cosas o comodida­des llegaron a ser posibles no por nuestra intervención, sino por la intervención directa o indirecta de muchas otras personas. Todo llega al mismo tiempo. Es imposible volver al modo de vida de hace algunos siglos, cuan­do dependíamos de instrumentos sencillos y no de to­das esas máquinas. Es evidente que las comodidades de las que ahora disfrutamos son producto de la actividad de muchas personas. Durante veinticuatro horas, inclu­so mientras dormimos, hay mucha gente trabajando, entre otras cosas en la preparación de nuestros alimen­tos, especialmente los que consumirán los no vegetaria­nos. La fama es decididamente un producto de otras personas: sin la presencia de otras personas el concepto de fama ni siquiera tendría sentido. Además, los intere­ses de Europa dependen de los intereses de América, y los intereses de Europa occidental dependen de la si­tuación económica de Europa oriental. Cada continen­te depende enormemente de los demás; ésa es la reali­dad. Así, muchas de las cosas que deseamos, como la riqueza, la fama, etcétera, no podrían concretarse sin la participación y cooperación activa o indirecta de mu­chas otras personas.

Por lo tanto, como todos tenemos el mismo derecho a ser felices y estamos mutuamente vinculados, por importante que sea un individuo, lógicamente el interés de los otros cinco mil millones de personas que hay en el planeta es más importante que el de una sola persona. Siguiendo este razonamiento, uno puede llegar a tener un sentido de responsabilidad planetario. Los proble­mas ambientales modernos, como la destrucción de la capa de ozono, nos muestran también de un modo claro la necesidad de la cooperación planetaria. Parece que, con el desarrollo, el mundo entero se ha vuelto mucho más pequeño, pero el conocimiento humano todavía marcha por detrás.

No se trata de una práctica religiosa, se trata del futu­ro de la humanidad. Este tipo de actitud más amplia o altruista es muy adecuada en el mundo de hoy. Si mira­mos la situación desde varios ángulos, por ejemplo des­de la complejidad y la interconexión de la naturaleza de la existencia moderna, notaremos poco a poco un cam­bio en nuestra actitud, de modo que cuando digamos «los otros» y cuando pensemos en ellos, no los rechaza­remos como algo que nada tiene que ver con nosotros. Nunca más nos sentiremos indiferentes.

Si sólo se piensa en uno mismo, si se olvidan los de­rechos y el bienestar de los demás o, peor todavía, si se explota a los demás, finalmente se pierde. Ya no habrá amigos que muestren interés por nuestro bienestar. Incluso, si sufrimos una tragedia, en vez de preocuparse, los demás hasta pueden alegrarse en secreto. Por con­traste, si un individuo es compasivo y altruista y está pen­diente de los intereses de los demás, conozca o no a mu­cha gente, allí donde vaya hará amigos. Y cuando esa persona afronte una tragedia, muchos serán los que acu­dirán a ayudarla.

Una verdadera amistad se desarrolla a base de autén­tico afecto humano, no de dinero o poder. Por supuesto, el poder o la riqueza pueden atraer a más personas con grandes sonrisas o con regalos. Pero en el fondo ésos no son amigos verdaderos; son amigos de la riqueza o del poder. Mientras dure la fortuna, esas personas se acerca­rán con frecuencia. Pero cuando la fortuna disminuya, dejarán de estar allí. Con ese tipo de amigos, nadie hará un esfuerzo sincero por ayudarnos si lo necesitamos. Ésa es la realidad.

La verdadera amistad humana se basa en el afecto hu­mano, sea cual sea nuestra posición. Por lo tanto, cuan­to más interés mostremos por el bienestar y los derechos de los demás, más verdaderos amigos seremos. Cuanto más abierto y sincero sea uno, más beneficios obtendrá.

Si uno olvida a los demás o no se preocupa por ellos, fi­nalmente pierde lo que ha conseguido. Así que a veces digo a la gente que si realmente vamos a ser egoístas, el egoísmo sabio es mucho mejor que el egoísmo ignoran­te y terco.

Para los practicantes budistas, el cultivo de la sabidu­ría es también muy importante; me refiero a la sabiduría que comprende Shunya, la naturaleza última de la reali­dad. La comprensión de Shunya nos da al menos una es­pecie de sentido positivo de la extinción. Una vez que se tiene algún tipo de sensación de la posibilidad de extin­ción, resulta evidente que el sufrimiento no es definitivo y que hay una alternativa. Si la hay, merece la pena hacer un esfuerzo. Si sólo existen dos de las cuatro nobles ver­dades de Buda, el sufrimiento y la causa del sufrimiento, no hay mucho sentido. Pero las otras dos nobles verda­des, incluida la extinción, apuntan hacia una forma al­ternativa de existencia. Existe la posibilidad de que el su­frimiento acabe. De ser así, vale la pena entender la naturaleza del sufrimiento. Por lo tanto, la sabiduría es sumamente importante para aumentar infinitamente la compasión.

Así es, entonces, como se aborda la práctica del bu­dismo: se aplica la facultad del conocimiento, usando la inteligencia y la comprensión de la naturaleza de la rea­lidad junto con hábiles medios para generar compasión. Pienso que en la vida diaria y en todo tipo de trabajo profesional se puede usar esta motivación compasiva. Por supuesto, no hay duda de que en el campo de la educación la motivación compasiva es importante y per­tinente. Sea o no sea creyente, la compasión por la vida o el futuro de los estudiantes, no sólo por sus exámenes, hace mucho más eficaz el trabajo del maestro. Con esa motivación, pienso que los alumnos nos recordarán toda la vida.

Del mismo modo, en el campo de la salud hay una ex­presión en tibetano que dice que la eficacia del tratamiento depende del afecto del médico. Debido a esta ex­presión, cuando los tratamientos de cierto médico no funcionan, la gente echa la culpa a su carácter, pensan­do que no es una persona bondadosa. El pobre médico a veces se crea una mala reputación. No hay duda, por lo tanto, de que en el campo de la salud la motivación com­pasiva es algo muy importante.

Pienso que lo mismo ocurre con los abogados y los po­líticos. Si tuvieran más motivación compasiva, habría me­nos escándalos. Como consecuencia, la comunidad ente­ra tendría más paz. Creo que la tarea política sería más eficaz y se la respetaría más.

Finalmente, y en mi opinión, lo peor de todo es la guerra. Pero con el afecto y la compasión humanos has­ta la guerra es mucho menos destructiva. La guerra com­pletamente mecanizada que carece de sentimiento humano es peor.

Creo, además, que la compasión y el sentido de la res­ponsabilidad pueden entrar también en los campos de la ciencia y de la ingeniería. Por supuesto, desde un punto de vista puramente científico, armas tan pavorosas como las bombas nucleares son logros notables. Pero podemos decir que son negativas porque traen un sufrimiento in­menso al mundo. Por lo tanto, si no tomamos en cuenta el dolor, los sentimientos y la compasión, no existe de­ marcación entre el bien y el mal. Como vemos, la com­pasión humana puede llegar a todas partes.

Me parece un poco difícil aplicar este principio de la compasión al campo de la economía. Pero los economistas son seres humanos que por supuesto también ne­cesitan afecto humano, sin el cual sufrirían. Pensando sólo en las ganancias, sin tener en cuenta las consecuen­cias, los traficantes de drogas no se equivocan pues, des­de el punto de vista económico, ellos también consiguen unas ganancias tremendas. Pero como eso es muy noci­vo para la sociedad y para la comunidad, decimos que está mal, y llamamos criminales a esas personas. Si vamos al caso, creo que los traficantes de armas están en la misma categoría. El tráfico de armas es igualmente peli­groso e irresponsable.

Por esas razones pienso que la compasión humana, o lo que a veces llamo «afecto humano», es el factor clave de toda actividad humana.Así como vemos que los cin­co dedos sólo son útiles con la palma de la mano, si no estuvieran unidos a ella no servirían para nada. Del mis­mo modo, toda acción humana que carece de senti­miento humano se vuelve peligrosa. Con el sentimiento y el reconocimiento de los valores, todas las actividades humanas se vuelven constructivas....SU SANTIDAD EL XIV DALAI LAMA DEL TIBET...

Los siete secretos de:" El Alquimista..."

 





Como los alquimistas de la Edad Media, los magos y alquimistas actuales tienen también sus secretos. Pero no se trata de secretos escondidos, sino de secretos a la luz, de secretos de luz. Paulo Coelho, autor de El Alquimista, un libro que sólo en Brasil ha vendido más de un millón de copias, nos devela cuales son los siete secretos del Alquimista.
Para Coelho, la alquimia no es una práctica más o menos supersticiosa que intentaría transmutar el plomo en oro, sino un camino luminoso y preciso que sigue los dictados del corazón y que apunta más bien a la transmutación integral del individuo. No se trata de forzar a la materia exterior, separándola de la interior, a convertirse en algo que no es, sino de purificarla, suavemente y con suma industria, como apunta la tabla de Esmeralda, para que sea lo que siempre ha sido.
Este proceso se halla inscrito en lo que Coelho, coincidiendo con otros autores, llama La Historia Personal. El verdadero alquimista, aquel que realiza la Gran Obra, es aquel que se atreve a vivir su Historia Personal, y para emprender este camino debe conocer siete secretos:

1. La Historia Personal es aquello que en lo más profundo de nosotros mismos siempre deseamos hacer. Todo el mundo, sobre todo en la juventud, ha estado en contacto con su Historia Personal. A esa altura de la vida, todo es posible y no tenemos miedo a soñar, a volar alto. Pero a medida que va transcurriendo el tiempo, vamos hipotecando nuestro corazón y una fuerza misteriosa empieza a tratar de demostrar que es imposible realizar la Historia Personal. Dejamos de creer en nuestros sueños, dejamos de soñar y nos dejamos arrastrar por la rutina, el más corrosivo de los venenos. Hemos olvidado que Cumplir la Historia Personal es la única obligación de los hombres.

2. Cuando vivimos nuestra Historia Personal, nos conectamos con el Alma del Mundo. El Alma del Mundo es la verdadera fuerza de la Magia, es el verdadero Poder, y es siempre positivo, por hallarse por encima del bien y del mal, más allá de las contingencias y las limitaciones del Ego. Para los egipcios era Isis, la diosa de los mil nombres, los cristianos primitivos la llamaban Providencia y los hindúes Madre Cósmica. Poca importa cómo la llamemos: lo realmente importante es tener Fe en Ella y orarle con confianza. Cuando perdemos el contacto con el Alma del Mundo, creemos que el mundo es una cosa amenazadora, y se convierte en una cosa amenazadora.
El Alma del Mundo se alimenta de la felicidad de las personas. Cuanto más felices estemos más cerca estará de nosotros y cuanto más cerca estemos de Ella, más felices seremos y más felicidad irradiaremos a nuestro alrededor.

3. Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para que puedas conseguirla. Y esto por una razón muy sencilla: no estamos separados el Universo, como nuestro Ego se empeña en hacernos creer por medio de toda suerte de espejismos. Cuando deseamos algo con todo nuestro corazón, estamos más cerca del Alma del Mundo. El Alma del Mundo no entiende nuestros idiomas lineales, que son meras sucesiones de palabras; comprende el Lenguaje del Corazón, que es un lenguaje de Emoción, de Aspiración, de Irradiación.

4. Existe un Lenguaje Universal, más allá de las palabras, que es el lenguaje simbólico que hallamos en los sueños y en las señales que nos presenta la vida, que es también como un sueño, sólo que en otro nivel de realidad. Si aprendemos a descifrar este lenguaje sin palabras, conseguimos descifrar el mundo.
Todo en la vida son señales. El Universo está hecho por una sola lengua que todo el mundo entiende, pero que ya olvidó. Actualmente estamos demasiado distraídos para entender el lenguaje de las señales.

5. Todo es Uno. Esta es la gran verdad que nos redescubrieron los alquimistas. Y no se trata de una formulación de la unicidad de la materia, sino de la expresión más pura del auténtico monoteísmo, que no tiene nada que ver con el panteísmo.
Cualquier cosa sobre la faz de la tierra puede contar la historia de todas las demás cosas. El Universo es como un Libro. En cada una de sus páginas está contenida toda la obra, y si profundizamos, cada frase, cada palabra, cada letra contiene todo el resto.
El destino no está inscrito en las líneas de la mano, en la tirada de Tarot o en el tema astrológico; lo que realmente ocurre es que cuando los consultamos penetramos en el Alma del Mundo.
Al Alquimista no le es necesario contemplar el desierto, pues sabe que le basta con considerar un simple grano de arena para ver en él todas las maravillas de la Creación.

6. Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que le está esperando. Este tesoro está allí donde está nuestro corazón. Nos equivocamos si lo buscamos en el exterior, pues si realizamos que todo es Uno, conectamos con el Alma del Mundo y descubrimos que la diferencia entre exterior e interior es una ilusión, podremos contemplarlo en el espejo de nuestro corazón.

7. Escucha tu corazón porque es el eje del Alma del Mundo. Este es el séptimo secreto del Alquimista, acaso el más importante. Nadie logra huir de su corazón, nadie puede huir de sí mismo, pues tarde o temprano nos volveremos a encontrar con nosotros mismos. Por ello lo mejor es seguir con valentía los dictados de nuestro corazón.
El corazón nos habla de aquel tesoro que nos está esperando, pero los hombres no escuchamos a nuestros corazones. Por esa razón, el corazón habla preferentemente con los niños y los adolescentes, dejando luego que la vida encamine a cada uno en la dirección de su destino... Desgraciadamente pocos siguen el camino que les ha sido trazado y que es el de su Historia Personal y de su Felicidad..

Con todo, el Alma del Mundo no se olvida de nosotros y nos envía Alquimistas para que nos lo recuerden...

La Magia y Las Leyes Hermèticas...

 



¿Existe la magia o es pura charlatanería? Hay creyentes y detractores lo mismo que hay imaginativos y pragmáticos, o magos y matemáticos. Desde el principio de los tiempos, mientras que la humanidad se debate entre ciencia y fetichismo, este principio del mentalísmo permanece aun sumergido en las abis ...males aguas de la ignorancia, y el hombre una vez más auto limita su crecimiento por el miedo a conocer el potencial que habita en él mismo.

Pero todo el mundo habla ultimamente de magia. Compramos libros de recetas mágicas, se abren escuelas, se realizan talleres, se cuenta, estudia, e investiga, hasta hay catedráticos de universidad que pretenden encontrar una razón, un sentido cartesiano, a algo que para ellos es incomprensible, y cuyo limite se encuentra en el hilo funanbulico que separa la supersitición de la lógica científica. Y sin embargo ¿Alguien ha explicado como se crea la magia?... ¿De donde procede esa vibración capaz de transmutar? ¿Cuáles la palabra mágica, el símbolo, el ritual que transmuta un lazo rojo en un contrato matrimonial? Los eruditos mágicos nos dan las recetas, los rituales y el procedimiento, pero no nos enseñan a manipular la energía, ni explican como atraerla hacia nuestro objetivo, y sin eso, no hay magia.

En este escrito hablamos de las posibilidades de incorporar la práctica mágica, en nuestras vidas a fin de hacerla asequible a todo el que busque de corazón el conocimiento autentico y sincero de cómo mejorar su vida, y a ellos queremos brindarles estos apuntes básicos pero esenciales.

Empezaremos definiendo la magia como “la capacidad de transmutar, un deseo en una realidad concreta, mediante la voluntad, utilizando rituales, símbolos, o imágenes representativas de fuerzas invisibles”.

La primera manifestación mágica la tenemos en la Biblia cuando dice que La tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo, y el aliento de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas. [3]Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.
[4] Y vio Dios que la luz era buena, y apartó Dios la luz de la oscuridad”... Fue el deseo, el acto volitivo, lo que diferenció la Luz de la tiniebla, y así surgió la creación. La palabra, Hágase, sirvió de herramienta que dio la forma a la idea; y la Voluntad materializó el deseo que originó la creación. La intención de crear Luz marcó la diferenciación, y hubo Espacio y Tiempo; y el Cosmos fue. Cada vez que leo eso me siento sobrecogida de emoción, ante la presencia de ese poder en la vida, como si estuviera asistiendo a un parto cósmico.

Bien, pero un deseo es algo intangible creado a partir de una idea que mediante la atracción de una vibración afín a nosotros, adquiere forma en nuestra mente. En realidad es una proyección mental de una necesidad anímica. Es evidente que eso no es nada nuevo, podríamos decir que nacemos proyectando necesidades. La diferencia esta en que es la voluntad consciente la que manipula este deseo que genera la mente mediante la idea. Pero todo esto es sutil, no tiene consistencia física, ni es tangible. Es energía, es espíritu, es mente, al fin de cuentas, y este es el verdadero sentido del principio hermético que dice EL UNIVERSO ES MENTAL.

Esto significaría que "cada una de las cosas que vivimos depende de nuestro pensamiento". De acuerdo a ello, el Universo es una sola Mente y absolutamente todo lo que existe está comprendido dentro de ella. El Kybalión utiliza la palabra "Todo", para de esta manera, sintetizar la idea de una Única Presencia a partir de la cual se genera la creación.
La Ciencia cuántica hoy en día lo ha definido como la teoría de los campos unificados, mediante el cual estaríamos todos unidos a una gran central de información, a través de canales de comunicación. Seria como una enorme red informática cósmica y su sistema de conexiones que vincularían en el Todo cualquier posibilidad de existencia. Visto así, podríamos aplicar un dicho tibetano que manifiesta de una forma muy grafica el sentido del principio mental diciendo:” ¿Cómo evitar que una gota de agua se seque?, ¡vaciándola en el océano ¡”.

Todo aquello que conocemos ya sea por nuestra propia experiencia o por aprendizaje es mental, la intuición, la parapsicología, la mediumnidad, es mental igualmente. Aquello que llamamos materia, o energía, es mente y eso es la esencia que perdura en todas las manifestaciones. Todo tiene su origen en el espíritu a partir del cual concretamos, y por consiguiente es el espíritu, incognoscible e indefinible, la base de la existencia del cual procede todo.
Cada uno de nosotros, como las gotas de agua en el océano, somos una partícula o pensamiento inmerso en este gran cuerpo mental y quizá de esta manera las premoniciones al futuro, la transmisión de pensamiento, los sueños vividos, e incluso las revelaciones, tendrían la explicación de su existencia.

Entonces, si es cierto que todos estamos conectados por una sola Mente", si hemos sido generados por ella, también básicamente, estamos compuestos de las mismas cualidades que nuestra fuente de origen, ¿no?, lo cual, significaría que el hombre puede así mismo crear, pero cualquiera que sea su creación, esta siempre comenzará en su propia mente a través de una idea, que generará un deseo, el cual mediante un acto volitivo activará la intención de convertir ese principio espiritual en una concreción material. Este es el proceso que debemos aplicar cada vez que deseemos crear una obra mágica.

Sin embargo nos resulta difícil creer en nosotros mismos y pasamos la vida en devaneos mentales que nos conducen a la “ciudad de ninguna parte”. Algunos consideran la vida como un banco de experiencias útiles y necesarias para crecer y disfrutar evolucionando; sin embargo, para otros, la vida sólo es un gran valle de lágrimas donde la palabra clave es sacrificio y lucha. La gran diferencia entre ambos puntos está en la propia mente, y en la manera de concebir el mundo.
La apreciación que tenemos de nosotros mismos, sera lo que veamos reflejado en los demás. Mientras que no tomemos conciencia del ser interior que nos habita y respetemos nuestra propia fe, participando activamente en nuestra vida interna; mientras no valoremos nuestro potencial; mientras no nos consideremos merecedores de felicidad, no lograremos el respeto de los demás, ni seremos tenidos en cuenta, ni disfrutaremos de la abundancia, y de la misma forma ocurrirá con los ingresos, la suerte o el éxito en el amor.
El ADN y la magia...
Por un momento quisiera comprender como lo hacían los magos, brujos y chamanes de la naturaleza, antiguamente. Esos seres iluminados de sabiduría, sin duda llegaron a la comprensión del principio hermético del mentalísmo, así pues la mente crea, y para concretar eso, basta utilizar las mismas herramientas básicas con las que fuimos concebidos, y se realizará la obra mágica.

Hemos dicho, que la creación comienza en la mente a través de la idea, se alimenta con el deseo, se concibe con la voluntad, y se plasma con la decisión. Y el concepto que diferencia un objeto de otro y la hace irrepetible sobre los demás es el adn, y eso es universal, es el guión que vinculara irremisiblemente la obra teatral y su protagonista.Yo lo definiria como el orden que regula la estructura sobre la que se concibe la idea, que sera materializada por el deseo intencionado de crear. Es decir, asi como el arquitecto prepara unos planos sobre los que se edificara un proyecto, que sera una urbanización, la mente crea una estructura sobre la que edifica la idea, que sera un concepto que tendra una forma fisica..Eso significa que el Adn sera proyectado en la mente previamente a la concepción de la idea que originará la creación, y a partir de ahi, e incluso, gracias al Adn se originará la gestación magica.

Si entendemos así este concepto, habremos llegado al punto que como dice mi amigo Cuarzo, el adn es multidimensional y el mentalismo es la puerta magistral de acceso a los complicados vericuetos de la cadena genetica.

Prosigamos haciendo magia. Los magos usan saliva, pelos, sangre y todo tipo de material genético para atraer, o dañar a dos personas, porque eso contiene la información esencial del individuo en su esencia. Si, a esas células de vida única e irrepetible les aportamos la vibración del deseo, sea cual sea, y lo lanzamos con nuestra proyección volitiva sobre el objeto a conseguir, habremos logrado que en el mundo del deseo, sus cuerpo astrales se impregnen de las vibraciones mutuas, generando la resonancia armónica entre ambos cuerpos etéricos. Añádele ahora, arquetipos, palabras mágicas, colores, formas o conjuros, según el poder de cada mago, que como una amalgama poderosa defina aspectos de la obra y alarguen la vibración por más tiempo, pero en realidad son complementos que redecoran la esencia. Mientras dure ese efecto en el astral habrá creación magica en el plano denso.

Por esta mágica regla de tres, podremos comprender, que si la mente puede concretar en cualquier nivel, plaza o dimensión, la telequinesia, la proyección astral o los desplazamientos a mundos paralelos son igual de posibles, que generar la lluvia, el desdoblamiento en varios lugares a la vez, o la transfiguración de Jesús en el Monte Tabor.

Nada es fortuito, o aleatorio y lo que nos ocurre es siempre reflejo de alguna pauta de pensamiento interna, que en la mayor parte de los casos ni sabemos de su existencia, pero que en si misma forma parte de nuestro karma.Esta claro que nuestro potencial creador es enorme, y también nuestro despilfarro de cualidades.

Quizá fuera este, el momento oportuno de despertar a ese ser luminoso, creativo, y amoroso que llevamos dentro y recuperar nuestra vibración original y ser la Luz que ilumina el mundo. Quizá ha llegado la hora en que como Lázaro, debamos levantarnos y caminar, antes de que sea demasiado tarde.
La mente creadora...

Ahora reflexionemos. Tanto las técnicas de visualización curativas, como las prácticas de meditaciones tántricas, e incluso el control mental, actúan proyectando en nuestra mente, una imagen perfecta de nosotros mismos en un ambiente sano, poderoso, reluciente y armónico, donde somos creadores con nosotros mismos. Es importante que las imágenes queden perfectamente delimitadas, si es posible hasta con colores, olores, y texturas del entorno para darle mayor realidad. Se trata de crear un mundo lo mas real posible adecuado a nuestras necesidades.
El efecto reflejado actúa como un cliché de fotografía en el plano astral, donde, el ejercicio de identificación ha quedado impregnado de nuestra propia vibración, y la nueva proyección, se superpone a la antigua imagen que teníamos de nosotros mismos, quedando nuestras limitaciones sepultadas en aquella. Ahora ha nacido un nuevo ser, pleno y merecedor de la abundancia.

Esta es exactamente la forma de crear magia. Pero entonces, ¿en que se diferencia de la energía de sanación?, pues unicamente en la intención de lo que pretendemos lograr. Lo demás es nivel de vibración.
Las practicas de Budismo tántrico, que son llamadas “la vía rápida de la iluminación”, actúan a modo de psicodrama.
Nos visualizamos con la forma, vestimenta, posición, color y símbolo del buda cuya mantra se repite, mientras dura toda la practica.
La vibración del sonido del mantra va desprendiendo capas sucias, apegos, y agregados, del aura del meditador, mientras que la imaginación absorbe la visión del practicante convertido en divinidad, hasta lograr la trasmutación de uno en otro. En realidad lo que se hace mediante estas visualizaciones es un implante de la personalidad búdica en la mente y por eso, estas practicas son peligrosas sino se tiene una previa iniciación por un lama maestro cualificado, y se realiza siempre la practica bajo su consejo y dirección.
El tantra esta sumamente relacionado con la magia simpática, de la cual ya hablamos en la sección de amuletos de este libro de las sombras. Podríamos hablar en el mismo sentido del control mental del método Silva, regresiones terapéuticas, respiración alotrópica y un sinfín número de medicinas vibracionales en las que la proyección mental es el eje del camino hacia la sanación de nuestro espíritu.


No es ninguna locura relacionar mundos tan dispares, como es la magia, y las practicas espirituales. No hay aberración al incorporar textos bíblicos a conceptos mágicos, porque solo hay una energía y esta es espiritual; todo es mental, y la energía es la misma para todas las prácticas. Lo que varía es la intención y la voluntad.
El cambio de cualidad se genera por los diferentes estados vibracionales que van desde el sutil al denso de la misma, siendo estos últimos los de menor vibración y por consiguiente, los mas fáciles de percibir por el ojo humano. Conforme se aumenta la vibración, los cuerpos se vuelven más sutiles, más lumínicos, hasta llegar al estado de Luz pura, cualidad esta, que a nuestra visión le es imposible de acceder mientras permanezcamos en este denso nivel vibratorio

Así pues estamos inmersos en un mundo de proyecciones que nos muestran que todo plano mental es transmutable en materia concreta, pero tampoco olvidemos que aquello que creemos o proyectamos, es lo que se va a manifestar en nuestra vida; por lo tanto, debemos ser extremadamente cuidadosos del alimento que se nutre nuestra mente, de las emociones que anidan en nuestro corazón porque serán las que se manifiesten en nuestra vida. Seamos muy concienzudos en discernir aquellas verdades en las que creemos y en que ambientes nos desenvolvemos, porque toda la información que adoptemos como creencia la viviremos en el plano físico, y no es fácil desprenderse de errores.

Alguien de los lectores podria decirme:" si eso es tan claro, ¿porque seguimos atados sin lograr esos objetivos?"...puedo decir que yo tambien lo pensé así, y durante mucho tiempo trataba de adivinar donde estaba el fallo, hasta que un buen dia se me ocurrio discernir que cuando me visualizo, cuando me transformo a mi misma en deidad, lo hago mirando mi yo, es decir, a mi persona fisica, que es el vehículo portador de mi ser, unico y divino", y este cuerpo esta sujeto a karma y sufrimiento, pero ¿que pasaría si yo lograra acceder a mi ser esencial, al mi Adn y desde alli proyectara mi tranformación al cuerpo denso?. La respuesta es que se habria creado la obra magica en mí, y estaria libre, me habria iluminado, al menos asi lo creo; ahora lo dificil es liberarme del ego, y encontrar la forma de hacerlo. Pero es posible, estoy segura. Otros ya lo hicieron...

La disciplina magica: orden y método...
Podremos comprender que si la esencia mágica se basa en los dos pilares de voluntad e intención, es esencial desarrollar esta dos cualidades en nosotros, sin olvidar que de acuerdo al tipo de vibración personal que tengamos tendremos mas facilidad en acceder a astrales mas superiores o menos.
Los grandes maestros de la humanidad aplicaron esos conocimientos a las leyes de la naturaleza, modificando así las vibraciones de los planos materiales, y los milagros ocurrieron.
Queremos aportar pequeñas pautas que favorecerán el desarrollo de nuestra fuerza interna y potenciaran las cualidades mentales a la hora de hacer magia.
1.- Vaciado mental.
Es esencial la limpieza a fin de que nos libremos de interferencias con el Ser. Siéntate tranquilo y dedícate a respirar serenamente mientras observas simplemente tus pensamientos. No los elimines, no los cambies, no te asustes de ellos, solo observa la ingente cantidad de ideas que habitan en tu mente. Comprueba que tipo de mensajes, que emociones te embargan, y no hagas nada, solo defínelas, obsérvalas, ella solas se iran. Ese tráfico mental es de aquello de lo que tu mente se alimenta. Si quieres subir de vibración, si deseas hacer magia, deberás cambiar el chip de tus pensamientos. Si mantienes la continuidad diaria de la observación mental, aumentaras de poder de concentración veras como paulatinamente se va haciendo espacio para nuevas ideas más luminosas. Esencial practicar esto 15 minutos diarios.
2.- Visualiza colores y formas.
Comienza por hojas tamaño folio, todas iguales. Rellénalas de los colores del arcoiris, sin imágenes sin letras solo color y uno en cada hoja. También sirven las cartulinas de colores o el papel charol siempre que sean colores definidos puros y sin mezcla. Siéntate tranquilamente y observa el rojo. Respira serenamente y comprueba que sensaciones te produce. No hagas nada, sientas lo que sientas, solo mira y observa.
Cierra los ojos y piensa en el color rojo que te has concentrado en observar previamente. Veras que en tu mente puede aparecer un rectángulo verde que se superpone o lo rodea. No es nada, solo el complementario del rojo que tu nervio óptico ha recogido. Repite este ejercicio con amarillo, verde, azul y violeta. Las primeras dos semanas cuando seas capaz de visualizar estos colores básicos amplíalo con el naranja, y el turquesa. Se trata de aprender a visualizar sin esfuerzo. Cuando ya puedas hacer esto con los ojos cerrados y con fluidez, haz lo mismo con formas, línea, triangulo cuadrado circulo.
Despues incorpora a tus ejercicios imágenes bellas que te atraigan, flores naturaleza seres santos, bebes. Míralas apréndete todos los detalles de colores vestimentas, cabellos, cielo, entorno y paisaje hasta poder verla con los ojos cerrados de igual forma que si estuvieras en una situación real. Cuidado no utilices símbolos si no conoces el significado y consideres que es importante para ti, porque el símbolo tiene un poder oculto y puede gastarte alguna mala pasada. Piensa somos niños que comenzamos a andar con los primeros pasos, y la situaciones en ese campo duras o conflictivas no nos ayudaran a avanzar sino que nos paralizaran. De la continuidad que le des dependerá la rapidez en el éxito. Estas fomentando la intención.
Cuando ya lleves mese de esta practica y visualices fluidamente comienza con tu magia, visualizando cosas que para ti sean sinónimo de amor, de bienestar de trabajo de éxito…pequeños símbolos tuyos que podrás incorporar a tu magia como por ejemplo, un anillo de oro para un compromiso o un regalo de amor. Lluvia de colores para simbolizar armonía. Cuando yo quiero enviar paz a alguien que esta angustiado veo a la persona y la veo en las condiciones actuales y una vez bien fijada le envío una lluvia de arcoiris que, o invade y va penetrando en el como en una ducha de luz y saliendo por los pies la suciedad, que es absorbida por la tierra. Cuando hago eso la persona en cuestión me da noticias que de repente se siente como mas animado y las cosas parecen que estén cambiando de sentido. Y yo entiendo que la magia ha funcionado.
3.- Visión.
Practica las visualizaciones a ojos cerrados y cuando tu práctica ya te demuestre que tienes una habilidad buena para ello abre los ojos. Netote en el tercer ojo entrecejo y trata de visualizar de la misma forma pero con esa zona. Esa es realmente la visión interna que te ampliara los campos mentales.
4.- Siempre intención.
Dedica los meritos de tus visualizaciones de tus meditaciones o de tus obras mágicas en beneficio de todos los seres, porque eso purifica karma, te aporta beneficios espirituales y por encima de todo, estarás generando amor y generosidad, y eso es de una altísima vibración.
La clave magica...
Desde niños hemos recibido una educación basado en pautas de conducta transmitidas de padres a hijos. Con ellas fuimos creciendo y a base de repetición se incorporaron en nuestra vida. Una mañana al despertar, se habia producido el transvase y los hábitos de la saga familiar se habían incorporado a nuestra vida. Unas eran de corte positivo otras no tanto y algunas terriblemente nefastas.

Todo eso, más la influencia del medioambiente, la cadenas del adn, las posiciones planetarias a la hora del nacimiento y memoria akashica que traíamos como parte de nuestro bagaje kármico, configuraron el ser humano que hoy somos. Pero la vida es imparable hasta que finaliza así que al cabo de un tiempo, comprobamos ciertos errores de base y decidimos cambiar los viejos moldes. Lamentablemente la inversión no será fácil, comprendemos que el esfuerzo será trabajoso, se trataba de dar la vuelta a situaciones de rancio abolengo en nuestra mente, así que los primeros intentos no tendrán un éxito muy prolongado y caeremos de nuevo muchas veces en nuestro antiguo sistema. No hay que desanimarse, siempre hay una estratégia, que nos dará la realización del deseo.

La pieza clave del éxito es: el hábito,es decir, la constancia y la fe en nosotros mismos. Cuanto mas deseos tengamos de cambiar, cuanto mayor sea el entusiasmo con más facilidad nuestras neuronas aceptaran el cambio y lo incorporaran al organismo. En muchos casos la "impaciencia" será un gran enemigo a vencer, es uno de los ropajes con que el Ego se manifiesta, y es que en realidad la impaciencia es una forma de resistencia al cambio. Es la antitesis de la humildad y el método.

El hábito es el planning de nuestro cerebro, el lenguaje de nuestro espíritu que canaliza la dirección del enfoque correcto de la energía, para actuar basándose en actuaciones ya conocidas y repetidas continuamente. A mayor numero de repeticiones más facilidad en actuaciones. Al principio, esta "Nueva conducta" será inestable y con grandes oscilaciones pero a medida que se va repitiendo, se abren conductos de seguridad que se iran fortaleciendo, llegando incluso a superar los hábitos anteriores. Solo la repetición continúa de los actos, la práctica metódica del objetivo dará el éxito y la garantía de cambio.
Hay dos condiciones esenciales para tener el éxito en nuestros proyectos mágicos: el deseo y la repetición.
Ya vimos que el deseo mueve la voluntad activa la intención y origina la magia. Sin deseo no hay magia, igual que sin atracción no hay pareja...
La repetición es lo que da poder al hábito, es la estabilidad, la promesa de continuidad, le logro fluido, la mente enfocada hacia un objetivo definido.
Los grandes maestros y sabios de la humanidad siempre recomiendan lo mismo: en aquello q ...ue creas, mantente firme, es la clave de la realización. Nosotros desde aquí mágicamente os decimos, no importa que sea poco o mucho, el objeto de nuestro deseo, lo que importa es la constancia con que mantengamos la línea de trabajo de aquello que decidamos lograr. Cuanto mas entusiasmo pongamos en conseguir nuestro objetivo, más firmeza de carácter adquiriremos mas luz generaremos y eso es magia...



Artículo de Esquina Mágica . Extraido de: http://www.esquinamagica.com/articulos.php?idar=432&id1=13 CopyLeft .

SIMBOLISMO MÁGICO DE LOS ESPEJOS...

 




No se sabe con seguridad cuándo apareció el espejo en la vida del hombre; lo cierto es que se encuentra desde la más remota antigüedad, en los mismos albores de la Humanidad, cuando todavía no existía la Historia, tan sólo oscuros recuerdos, relatos y leyendas fantásticas. Se han encontrado espejos e ...n todas las civilizaciones, en América, Asia, África y Europa. Aunque para este siglo materialista el espejo sea tan sólo un objeto de uso corriente en nuestro aseo diario, para aquellos hombres además tenía una finalidad religiosa y mágica, y se utilizaba de muy diversas formas. El espejo es un sistema óptico constituido por una superficie pulimentada, plana o curva, en la que se reflejan los rayos luminosos. Esta superficie puede ser cualquiera (metal, piedra, plástico, cristal...) con la condición de que el rayo luminoso sea reflejado casi en la misma cantidad en que llegó. Cuanto más pulido o menos poro tenga dicha superficie, más nítida es la imagen reflejada. Los primeros espejos son casi todos de metal (oro, plata, bronce, latón, cobre, acero) y en algunos casos de obsidiana, que es un vidrio natural de origen volcánico de color negro o verde muy oscuro. Es muy probable que los primeros espejos de cristal fueran los fabricados por los romanos. Los espejos actuales no distan mucho de los romanos y están formados, como los primeros, de metal. El cristal que vemos es una lámina que cumple la doble función de proteger contra la corrosión y soportar la fina película de metal, que normalmente es de plata.
El simbolismo del espejo es muy complejo y variado, y veremos tan sólo algunos aspectos a lo largo de este estudio. Se ha dicho del espejo que es símbolo de la imaginación o de la conciencia, ya que tiene la capacidad de reproducir los reflejos del mundo visible en su realidad formal. Scheler y otros filósofos lo han relacionado con el pensamiento, pues es en el vehículo mental donde se produce la autocontemplación y reflejo del Universo. Es en este sentido en el que el espejo se relaciona con el simbolismo del agua reflejante y el mito de Narciso. También aparece con frecuencia en leyendas y cuentos infantiles convertido en mágico, ya que es capaz de proyectar imágenes que ocurrieron en el pasado o que ocurrirán en el futuro, o simplemente ver en el presente lo que está sucediendo a mucha distancia. Pero sobre todo el espejo mágico dice la verdad, pues él tan sólo refleja lo que ve, sin las máscaras o escudos que los seres humanos nos ponemos para protegernos; ellos tienen la cualidad de ver el alma tal como es. Esta característica es propia de los espejos de mano, que en China están relacionados con la felicidad conyugal y tienen cierto poder contra las influencias diabólicas. Además de relacionarse con el agua, también lo hacen principalmente con la Luna, precisamente por su condición reflejante y pasiva, pues reciben las imágenes como la Luna la luz solar. Los mejores espejos son los que se realizan con plata, metal consagrado a la Luna y del que los antiguos creían que era producido por los propios rayos de ésta. En el templo de Coricancha (Cuzco) había un santuario consagrado a la Luna, recubierto totalmente de plata. Así, el espejo y la plata aparecen relacionados con todas las diosas lunares, ya que forman parte de sus atributos y emblemas. Para Loeffler, los espejos son símbolos mágicos de la memoria inconsciente (como los palacios de cristal). El cristal, como parte integrante de los espejos, se une a su simbolismo de autoluminosidad, de visión interior perfecta y de pureza. En la Alquimia el cristal simboliza la perfección espiritual. Pero es la transparencia la que hace que el cristal exista y no se vea, a la vez que deja ver a su través, convirtiéndose en un intermediario entre el mundo visible y el invisible, y por tanto en una base simbólica de la sabiduría, la adivinación y todas las facultades y poderes misteriosos del hombre.
EL ESPEJO EN LA MAGIA...
Una de las diosas que se sirven de su espejo mágico es la egipcia Isis. Recordemos que en el mito Osiris es el hermano-esposo de Isis, el cual será despedazado por Seth y sus fragmentos esparcidos por el mundo. Gracias a sus artes mágicas y con la ayuda de su espejo, Isis localizará los pedazos de Osiris para poder recomponerlo y devolverle la vida. Este espejo se encuentra en la barca de Isis o barca lunar (la Luna), y en él quedó impreso el llamado Ojo de Horus, que es signo de videncia, espiritualidad y poderes ocultos, equivalente al Ojo de Dangma hindú. El Ojo de Horus es el Oudjat, el ojo de la visión justa, y se relaciona con el llamado Tercer Ojo, el cual despierta la clarividencia en el hombre. Los espejos negros -confeccionados con obsidiana- quizás sean uno de los elementos más relacionados con la Magia. Según H.P. Blavatsky, estos espejos se fabrican en la provincia india de Agra, en el Tibet, en la China y también en Egipto, de donde parece ser que los introdujeron en México hace muchos miles de años los antecesores de los actuales mayas. Según la tradición, cuando desembarcaron los españoles, el Rey de los quichés ordenó a sus sacerdotes que consultaran el espejo para saber el destino del país. Los romanos también emplearon espejos negros de obsidiana. Así por lo menos lo afirma Plinio respecto del procedente de Etiopía, y parece que se empleaban particularmente para adosarse a las paredes. "La imagen que reflejan estos espejos -dice Plinio- parece una sombra, en la cual se ven los rasgos del objeto, pero no los colores: es una representación más bien oscura del objeto". Actualmente Raymond Moody, Profesor de Psicología de la Universidad de Carrolton (Georgia) está realizando de forma científica lo que hace unos siglos le hubiese llevado a la hoguera por tratarse de artes nigrománticas. Se trata de concentrarse en un espejo donde los sujetos ensayan regresiones a vidas pasadas y materializaciones de seres queridos muertos.
LOS ESPEJOS Y LA ADIVINACIÓN....
Donde más han destacado los poderes de los espejos es en el arte de la adivinación. Según el sentido vulgar de la palabra, adivinar significa conjeturar lo que se ignora; pero el verdadero sentido etimológico de la palabra es divinari, es decir, ejercer la divinidad. Los dos signos de la divinidad humana, o de la humanidad divina, son las profecías y los milagros. Ser profeta es ver por anticipado los efectos que existen en las causas, es leer en la luz astral; hacer milagros es obrar valiéndose del agente universal y someterle a nuestra voluntad. Parece ser que Nostradamus, según cuenta la leyenda y las tradiciones orales, utilizaba una bola de cristal de cuarzo para ver el futuro y de esta forma confeccionar sus profecías. Los instrumentos de adivinación no son otros que los medios de magnetizarse a sí mismo y de distraerse de la luz exterior, para estar atentos únicamente a la luz interna. Por eso Apolonio de Tyana se envolvía por completo en un manto de lana, y fijaba en la oscuridad su mirada sobre el ombligo. El espejo mágico de Du Potet es un medio análogo al de Apolonio. La hidromancia (adivinación por el agua) y la visión en la uña del pulgar, bien igualada y ennegrecida, es una variante del espejo mágico; el agua o el color negro absorben los rayos visuales, produciéndose entonces un desvanecimiento, un vértigo que va seguido de lucidez en los sujetos que tienen para esto una aptitud natural, y que están convenientemente predispuestos. Vemos que el nombre de "Espejo Mágico" es una denominación genérica donde los instrumentos de adivinación no son solamente espejos, sino que pueden ser bolas de cristal, copas de agua, perlas, piedras preciosas, etc. Uno de los espejos mágicos más célebres de la literatura oculta es un cristal de carbón que estaba en posesión de John Dee, ocultista inglés que vivió en el siglo XVI. Otro instrumento que se podría considerar un espejo mágico es la cubeta de madera negra del médico austriaco Anton Mesmer, en la cual María Antonieta vio reflejarse en sus turbias aguas todo el desenlace de la Revolución Francesa, incluyendo la muerte de sus amigos, del Rey y de ella misma. Si cada objeto se puede convertir en un espejo mágico es porque el Alma universal misma es el verdadero espejo en el que la vida cósmica entera viene a reflejarse. Y puesto que todas las almas humanas no son sino parcelas de este Alma universal, cada una de ellas es en sí misma un espejo. De lo que se deduce que hay dos tipos de clarividentes o adivinos: aquellos que encuentran el espejo mágico en sí mismos -es su alma aquella en la que vienen a reflejarse todos los acontecimientos del universo-, y aquellos que tienen la necesidad de un espejo mágico material, y por tanto exterior a ellos. De los primeros sería el caso de Apolonio, y de los segundos todos los ejemplos que a continuación exponemos: Pausanias nos dice: "Delante del santuario de Deméter hay una fuente, entre la cual y el templo se alza una tapia y hasta la que lleva un camino desde el exterior. Allí hay un oráculo muy seguro, no sólo para las consultas, sino para la curación de las enfermedades: atan un espejo con una cuerda fina y lo dejan caer sobre la fuente de forma que no se hunda en ella más que para que el agua toque su círculo. Entonces ruegan a la diosa y queman perfumes, después de lo cual miran el espejo, el cual indica si el enfermo vivirá o morirá. Tan verdadera es esta agua. En Cianeas, junto a Licia, hay un oráculo de Apolo Tirxeo que es también una fuente en la que mira el que quiere saber algo". W. Wynn Wescott nos dice: El Espejo Luminoso, llamado Aspaqularia Nera, es un término cabalístico que significa el poder de previsión y de visión a distancia, de profecía, tal como lo tuvo Moisés. Ordinariamente los mortales tienen sólo el Aspaqularia della Nera o Espejo No Luminoso, y sólo ven de un modo oscuro en el cristal.
LOS ESPEJOS EN LA RELIGIÓN...
Los espejos aparecen como atributo de las diosas en los mitos y ceremonias de casi todas las religiones antiguas diseminadas por el mundo. Así, en el Egipto de hace miles de años, cuando las aguas del mar salpicaban las patas de la Esfinge y la meseta de Gizeh era una isla, los sacerdotes realizaban una ceremonia secreta a la salida del sol, donde los primeros rayos del amanecer eran reflejados por un espejo de oro pulido que la Esfinge tenía en su frente, proyectándolos entre sus patas. También se han hallado en los sepulcros de la XIX dinastía espejos en forma de disco que encajaban entre los cuernos de la cabeza de la diosa Hathor, que probablemente estarían relacionados con la capacidad de adivinación de los dioses ctónicos. Hubo una diosa o demonio femenino mesopotámico llamada Lamastu, que atacaba y seducía a los hombres y trataba de arrebatar los niños a sus madres. Era probablemente una representación más de la muerte y la enfermedad. Esta diosa en sus representaciones y conjuros llevaba siempre consigo un peine, un espejo y un huso, atributos los tres muy antiguos de feminidad, magia y transcurso del tiempo. Entre los griegos hay varios mitos donde aparecen los espejos. Uno de ellos es el de Perseo, que tiene que matar a una de las Gorgonas, Medusa, la única que es mortal. Para ello el héroe se elevó por los aires con las sandalias aladas que le dieron las tres Gracias, mientras Atenea sostenía encima de Medusa un escudo de bronce bruñido a modo de espejo, para que el guerrero pudiese contemplar la escena sin tener que mirar a los ojos de la terrible Gorgona, que tenía la facultad de transformar en piedra a sus observadores, y de este modo pudo cortarle la cabeza. También podemos recordar el mito de Narciso, joven de incomparable belleza e incapaz de sentir amor por nadie; una ninfa se enamoró de él, pero éste, sólo interesado por sí mismo, la rechazó. La ninfa murió de amor, por lo que la diosa Artemisa castigó a Narciso a enamorarse de su propia imagen cuando se viera en una fuente.
Los romanos consagraron el lago Nemi, que tiene forma de cuenco, a Diana, diosa de la Naturaleza y de la fecundidad; allí los sacerdotes de su culto realizaban ritos y ceremonias lunares, por lo que el lago pasó a llamarse "el espejo de Diana", aunque estos cultos se realizaban incluso antes de la fundación de Roma. El neoplatónico Plotino nos va a referir en sus Enéadas: "las almas humanas, al ver sus imágenes en el Espejo de Baco, se lanzaron desde lo alto hacia ellas, pero sin cortar los lazos que las unen a la Inteligencia, hacia la que suben de tanto en tanto, cuando Zeus, compadecido, corta las ataduras que las ligan al dolor". En el panteón azteca también tenemos varios ejemplos como el dios Tezcatlipo-ca, "el Señor del espejo humeante". Es uno de los dioses más antiguos del panteón y rige las hechicerías y los encantamientos. A él se le dedicaban los abundantes fenómenos parapsicológicos que ornaban el México antiguo. Su oscuro espejo humeante está relacionado con la Luna, y estaba hecho con hielo arrancado de la Tierra Primera "aún no alumbrada por el sol". También hay un pasaje relacionado con Quetzalcoatl, "la serpiente emplumada". Este era un Rey de pureza intachable, por lo que los demonios, no pudiendo resistir tanta nobleza, deciden perderlo. Para ello le sitúan frente a un espejo negro, en el que percibe por primera vez su cuerpo, considerándolo feo e imperfecto. Sumido en la tristeza, los demonios aprovechan para embriagarle, y del espejo surge una figura femenina hecha de pura materia irradiante, que es su propia sombra o doble, y allí el Maestro pierde su pureza ascética. Mientras en Europa los hombres preparaban las hogueras de San Juan en honor del solsticio de verano, en el hemisferio sur los incas festejaban el Inti Raymi, la Fiesta del Sol, en la que el monarca vestía sus galas más preciadas y lucía ornamentos de oro y plata que reflejaban la luz solar. La parte principal de la ceremonia consistía en renovar el fuego sagrado, que ardía durante todo el año. En esta ocasión era el mismo Sol quien lo encendía. Para ello los sacerdotes llevaban un brazalete llamado chipana, el cual tenía una lente que reflejaba los rayos del sol como una lupa, inflamando un algodón color carmín. Este tipo de espejos son llamados ustorios o ardientes; dos hechos históricos han dado celebridad a este medio de producir combustión desde lejos: Arquímedes abrasó en Siracusa la flota de Marcelo y Proclo quemó en Constantinopla la de Vespasiano. En cuanto a la leyenda, nos dice que los navíos atlantes, antes del hundimiento de su último resto llamado Poseidonis, llevaban unos espejos parabólicos enormes con los que incendiaban ciudades. En el Japón encontramos el símbolo teológico del espejo, que es el emblema de la diosa Amaterasu, "el Sol". Dice su religión que la diosa enfadada se escondió dentro de una caverna y que el resto de los dioses fabricaron un espejo, que colocaron en la entrada. Amaterasu, llena de curiosidad, salió a ver su imagen reflejada. Este espejo era octogonal, y su representación es una flor de ocho pétalos con su centro rojo (la flor del cerezo), llamado Kagami, y sirve de representación al Judo. Ninigi, nieto de Amaterasu, recibe dicho espejo, que "habría de considerar como si fuera la propia alma de Amaterasu", ya que es uno de los emblemas sagrados, junto con la espada y las joyas, que se identifican con el poder imperial. Son estos emblemas los que recibe el Emperador en una ceremonia secreta de sucesión; si el espejo llegara a empañarse indicaría que el candidato no es digno de convertirse en Hijo del Sol. En los templos japoneses se custodiaba el Shintai o morada del dios, que en la mayoría de los casos era un espejo metálico...

LOS ESPEJOS Y LOS ESPÍRITUS ELEMENTALES DE LA NATURALEZA...
- Los espejos se hallan relacionados principalmente con los elementales del agua. Entre los más pequeños están los que viven en la espuma del mar, que servían a los Magos que podían ... leer augurios en la reflexión de la luz lunar o Camino de Plata de la luna llena sobre el mar. Los tritones, que forman parte del séquito de Neptuno, responden al Trino Poder del Reflejo del Logos sobre el Gran Espejo o Cristal Negro de origen Terrestre e ígneo, guardado en Thule para la corona del Rey del Mundo. Las ninfas son expertas en encantamientos, metales mágicos y piedras preciosas en el seno de las cuales se pueden ver cosas lejanas, pasadas y futuras. Algunos del aire, como los elfos, gustan de la luz reflejada en los espejos no muy pulidos. Hemos visto la relación de los espejos con la imaginación, con la Luna, con la plata, con el agua, pero además se relacionan con la psiquis o astral de la naturaleza y el hombre. El espejo es una "puerta" a esa otra dimensión que es el mundo astral; de ahí proviene la tradición europea de dar la vuelta o tapar los espejos cuando ha fallecido alguien recientemente, para evitar su regreso o para que no les robara su alma. Los pueblos antiguos pensaban que el alma humana radicaba en la sombra o en la imagen reflejada en el agua o en un espejo; quizás sea por eso por lo que los vampiros no se reflejen en los espejos, pues no tienen alma. El mundo de lo cotidiano está lleno de circunstancias mágicas o prodigiosas que habitualmente desatendemos o no escuchamos. Una nueva mirada a los objetos de nuestro hogar y de nuestra vida cotidiana, y no sólo a los espejos, nos descubriría un universo oculto de fascinante riqueza interior...

Numero y espacio en el I Ching (2da parte)

miércoles, 22 de junio de 2011

 


Ese quelónido que sigue siendo primordial para entender el misterio que rodea al I Ching. Al respecto, Vitus Droscher, el genial etólogo alemán, sostuvo que la tortuga es “longeva porque crece hasta el día de su muerte”, frase a todas luces alquímica si las hubiere. Prueba elocuente del número indivisible de lo vivo, la tortuga sostiene el mundo desde la vieja cosmogonía hindú hasta la fantasía galápago, allí en donde silban sus amores y hablan de una felicidad que los seres humanos nunca conoceremos. El carey de su caparazón, como el jade, es un elástico cómputo de las revoluciones solares y la danza estelar y tal vez por eso, al contacto del fuego, entre el azar y la intuición, que diría E. Saad, fundó para los primeros adivinos y sabios chinos un saber basado en la sincronicidad. Mas tarde, por encima de la tortuga y segura como ella, creció el I Ching, arrastrando en su curso secular taoísmo y confucionismo, ritual y danza, número y aforismos.
En occidente, por una curiosa sincronía, la tortuga fue para los griegos un animal hermético, dueño de saberes secretos, entre los cuales se cuenta el de la música cítara. Plutarco dice de ella que es símbolo de las virtudes domésticas y Dom Pernety sostuvo que ella es la prima materia del trabajo alquímico: ejemplifica en su forma cómo lo lento se vuelve rápido, cómo la tierra se vuelve cielo.
En apretadas páginas el estudioso E. Saad intenta hallar el puente, tan necesario hoy, entre Oriente y Occidente, sirviéndose para ello de analogías biológicas y científicas y probando, una vez más, lo que ahora llamamos biorritmos, los chinos lo conocieron bajo el principio sincrónico del I Ching. El largo y fascinante laberinto que ese libro antiguo nos propone recorrer tiene, desde el punto de vista numerológico, dos cifras significativas a las que también Occidente prestó atención: el 6 y el 9. Sólo de pensar su reflejo especular nos vienen a la memoria las leyes que rigen la embriología humana, siendo seis sexos y nueve la cifra aproximada de lunas que tardará una criatura cabeza abajo en el vientre de su madre, en tornarse cabeza arriba entre los brazos de su padre. Los cabalistas hebreos sostienen que la letra cuya cifra es seis, la vav ( ), alude al día de la creación del hombre, y que por ello representa su columna vertebral; mientras que la tet ( ) cuyo valor es nueve, alude a su ombligo, centro aúreo, punto de intersección entre las generaciones. ¿A caso no nos dice, de modo parecido, el I Ching, que entre la segmentación (líneas partidas) y la coherencia (líneas enteras) el peso del pasado puede hacer ingrávido nuestro presente, alternándonos una y otra vez sobre lo que crece y decrece, sobre la ilusión dualista y, sobre todo, acerca de la relación cabeza/pie, principio y fin de nuestro destino personal?

Si el hombre desea nacer una y otra vez tiene, al fin y al cabo, que revertir el seis en nueve, pasando por el trigrama dialéctico psicoanalítico si quiere o bien atendiendo a la inscripción metabólica que desde su propio cuerpo le anuncia las rutas correctas e incorrectas de su fisiología y su camino dietético, tiene la ventaja de transpersonalizar nuestras preguntas arrojándonos de regreso al cosmos, mas allá de la ciudad y de la época, es decir más acá de la máscara social, y en tal sentido emerge, al igual que la cabala con sus treinta y dos senderos, como una vía de sabiduría que mediante sesenta y cuatro hexagramas (obsérvese que es el doble de la occidental) nos permite pensarnos más allá del ego, como simples puntos focales en el gran diorama de la naturaleza.
Tal vez en esa diferencia numérica escribe el secreto del valor que los chinos confieren al espacio, del que elocuentemente nos habla el I Ching.
Cuando digo espacio, nos referimos a la naturaleza, medio ambiente, ecología.
Los treinta y dos senderos de la sabiduría judeocristiana se remiten, tout court, al corazón del hombre. Pero hoy sabemos que no somos ni debemos ser, como especie, el centro del universo. Hay otras treinta y dos formas esparcidas en las redes cristalinas de la materia y son ellas, que nos preceden y nos sucederán, las que en definitiva regulan, desde una posición no egótica, nuestro ritmo viviente.
Heroica ha sido nuestra aventura numérica desde los días de Grecia a Israel, puesto que nos ha conducido al ordenador y a la fibra óptica, a las estadísticas y la tabla periódica de los elementos. Sin embrago tal aventura pertenece al reino del conocimiento al que sigue faltándole el rey sabio, un eje reparador, un acorde armónico.
El I Ching puede, según explica E. Saad, ocupar ese lugar, convirtiéndonos de pensadores temporales en seres para quienes el espacio no es meramente la envoltura aleatoria de su cuerpo sino un organismo vasto y maravilloso del que tenemos el privilegio de ser el sintético espejo microcósmico. Dado que la crisis energética que enfrentamos (carestía de petróleo, polución, materiales no biodegradables) pone en tela de juicio la velocidad, deberemos volver a pensar en la mítica tortuga de Fu Xi y su proverbial lentitud, porque, tal como dijo Lao Tsé, “sin salir de su cuarto el sabio conoce el universo”, y sólo hay una verdadera paz en la ecuanimidad de espíritu.

Abramos, pues, la ventana de nuestra habitación a ese libro que es el universo: el I Ching...